Julio 02, 2020

Nos llevan a un varapalo

Si a este escenario le sumamos las elecciones generales previstas para este 6-S, habremos comprobado, una vez más, que a la clase política le interesa un sorete la salud de los bolivianos.


Jueves 25 de Junio de 2020, 4:00pm




Alemania abrió sus mercados, confiados en su disciplina bávara y, en menos de un par de semanas, los casos positivos de Covid-19 volvieron a saltar las alarmas. Sólo en un frigorífico superaron los mil contagiados. España, apretada por su debil economía, decidió soltar las riendas y los expertos en salud, ya hablan de la grave amenaza de una segunda ola de contagios. Suecia, después de inflar el pecho por aplanar la curva, decidió retroceder y cerrar de nuevo todo su comercio por un rebrote descontrolado.

Nadie está ni estuvo preparado para esta pandemia. Los primeros en quedar en evidencia fueron los científicos. Muchos espetan que no estan a la altura de la crisis sanitaria. Me inclino por la línea de que no contaron con presupuestos y estuvieron abandonados a su suerte. Las autoridades cayeron en cuenta sobre la necesidad de destinar presupuestos para la investigación médica, para el fortalecimiento de departamentos científicos de las  universidades, para contar con hospitales robustos y confiables, con personal médico capacitado y bien remunerado. Cayeron en cuenta que los 100 millones de euros que se le paga a un solo jugador de fútbol es grosero y esquizofrénico, frente a la urgencia médica. Ni qué decir de invertir en canchas de fultbol en lugar de postas sanitarias y hospitales, para luego hecharse a la bartola.

La universidad de Oxford tiene a la humanidad pendiendo de un hilo. Dicen estar cerca, que la vacuna se encuentra en fase dos (la fase tres es ya la definitiva para su uso masivo) y que estaría lista para Octubre, “si todo va bien”, aclaran. Mi corazón se aprieta al saber que la vida de tantas personas depende de un “si todo va bien”. En lugar de estar desesperados por salir a hacer fiestas, volver a los estadios de fútbol, deberíamos hacer vigilia en el campus de la Universidad de Oxford. De ellos depende todo. Absolutamente todo.

¿Pero por qué si la transmisión se había frenado y los casos disminuido de modo favorable, como apuntaban los expertos alemanes, suecos y neozelandeses, nuevamente saltan nuevos focos y con tanta virulencia? Los científicos responden que «no se sale de la pandemia, sino que se la vence». Quiere decir que la sensación de aplanar curvas, de desescaladas en fases o cuarentenas controladas es una filfa. Necesitamos la vacuna. Y pronto. Y punto.

Si a este escenario le sumamos las elecciones generales previstas para este 6-S, habremos comprobado, una vez más, que a la clase política le interesa un sorete la salud de los bolivianos. Más contagios significa más hospitalizaciones. Eso significa saturación. Eso significa más muertes. Por eso se habla de una crisis sanitaria. Pero no. Eso no se entiende.

De acuerdo al Organo Electoral, necesitamos cerca de 200 mil jurados electorales. Apiñados en colegios para recibir a otros estrujados 6 millones de bolivianos habilitados para votar.

Si aplicamos el distanciamieno social, la fila en la que deberé emitir mi voto, seguramente excederá las 10 a 12 cuadras y terminaré de votar, probablemente 14 horas después de haberse abierto mi mesa. Si es que logro llegar a sufragar. Si fracaso en mi intento y mi mesa cierra, más encima me multarán. Y me contagiaré. Mi esposa, igual, mi hijo igual, mis padres igual.  Y, entonces, a dónde iré, si todo esta saturado, si además no tengo dinero suficiente, no tengo acceso a medicamentos. ¿Quién pagará el costo social? ¿El MAS? ¿El desquiciado Morales? ¿La clase política? ¿Quién? Nadie.

España suspendió sus elecciones municipales vascas, Chile postergó su plebiscito constituyente para octubre. Francia sí realizó sus eleciones municipales, pero al principio de la pandemia y el ausentismo pasó el 57%. Es decir, que los elegidos carecen de legitimidad por haber sido electos por minorías y no por mayorías. ¿Pero acaso eso importa?

Nuestra suerte ya está hechada. Vamos al estropicio. Dicen que el pesimismo, es una cuestión de humor y el optimismo, una cuestión de voluntad. Elija Usted qué soy yo pero, a mi juicio, nos empujan a un varapalo cínico y peligroso.

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