Mayo 28, 2020

Seleccionar, ¿cómo?

Todo esto tiene implícita una reserva: cualesquiera que sean los criterios elegidos, una selección tiene dos sesgos: uno personal del autor y otra general del entorno. Por esto, ninguna lista puede ser considerada “perfecta” y no pasa de ser una propuesta del quien la elabora.


Viernes 1 de Mayo de 2020, 11:30am




1 de mayo (Artículo de opinión de José Roberto Arze).- El verbo SELECCIONAR (así como el sustantivo SELECCIÓN y el adjetivo SELECTO) es comprendido o por lo menos intuido seguramente por todos. Con esta palabra (y sus sinónimos ELEGIR y ESCOGER) se designa una acción o actitud de la gente de “extraer” de un conjunto muy grande de personas, seres vivientes, objetos o ideas, unos cuantos elementos con alguna finalidad práctica o teórica y según algún criterio que sirva para ese propósito. En los campos histórico y literario, esta labor asume notoria importancia: un historiador no puede materialmente estudiar todos los hechos del pasado y para un lector es imposible leer los millones de libros y textos publicados en el mundo (y ni siquiera en su idioma, especialmente cuando este idioma es multitudinariamente hablado en varios países, como ocurre con el castellano, el inglés, el francés, el portugués y algunos otros.

De aquí nace la popularidad de las listas selectivas, de las antologías y otras colecciones de obras literarias, artísticas y aun filosóficas y científicas. Las piezas que las componen no coinciden sino en muy poca cantidad. Hay, pues, muchas selecciones (quizá centenares, si no millares) de toda clase, de donde surge el problema de seleccionar las selecciones. Para enfrentarlo, el único camino que encuentro es que la persona interesada adopte algunos criterios. El presente artículo tiene por finalidad transmitir algunas experiencias del autor sobre dicha adopción…

Hay una obra muy ilustrativa, de David Wallechinsky, Irving Wallace y Amy Wallace, El libro de las listas (en 2 volúmenes) que reune alrededor de medio millar de listas sobre varios tópicos y de diferente longitud (casi cualquier número: 1, 3, 5, etc., etc.).

Una rápida enumeración de estos criterios puede comprender: el número o cantidad, la materia, los ámbito geográfico e histórico, la finalidad, el destinatario y la actitud (no encuentro otra palabra mejor) del “selector” o “seleccionador”. Examinémoslos brevemente.

El número (o cantidad). Si voy a hacer la selección, ¿cuántos elementos van a componerla? O sea, que tengo que poner un límite si no una cantidad cerrrada, o dejar que la lista fluya de la aplicación de algún criterio. Si examinamos algunas listas, estas varían entre el extremo de la unidad y un número que ronda el millar (aunque puede haber también listas más grandes, pero uno queda con la duda de si son propiamente selecciones rigurosas).

En el primer extremo, la unidad, la pregunta puede ser ¿quién es el personaje (o la obra, o el hecho) más importante en tal o cual campo? ¿Quién es, por ejemplo, el filósofo más importante de todos los tiempos? Algunos responderán que es Sócrates, o Platón, o Aristóteles, o Tomás de Aquino, o Kant, o Marx… Un chino quizá dirá que es Confucio… Siete candidatos para elegir uno. Preguntas parecidas podrán hacerse para otros campos: música, pintura, novela, ciencia, etc.

Otros números habitualmente usados para selecciones son los llamados “números mágicos” como el el 3, el 4, el 7 y el 12. El 3 origina trinidades y trilogías; ejemplos: las tres personas de la divina trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo); los tres filósofos más celebres (Sócrates, Platón y Aristóteles), o los tres poetas más importantes de la cultura occidental (Homero, Dante y Goethe), o los tres conquistadores de mayor significación (Alejandro, Julio César y Napoleón), o los tres modernos viajeros y descubridores (Colón, Magallanes y Américo Vespucio), o los tres grandes pintores clásicos (Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel), etc., etc. Obviamente

El 4 aparece en pocas listas, quizá bajo el influjo de los cuatro puntos cardinales: los cuatro evangelistas (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) los cuatro jinetes del Apocalipsis, y, entre nosotros, el imperio de los cuatro suyos (Tawantinsuyu).

El 7 es un número muy “popular”, empezando los siete días de la semana, los siete colores del arco-iris, las siete plagas de Egipto, las siete maravillas (arquitectónicas) de la antigüedad o del mundo moderno, los siete sabios de Grecia, los siete reyes de Roma, etc.

El 12 es tentador, por ser la docena. El más célebre grupo es el de los doce apóstoles de Cristo. Esta imagen fue recogida por Boris Voline, autor del libro Lenin y los doce apóstoles de la nueva Rusia (1930), (donde enumera a: Lenin y: Trotsky, Kamenev, Bujarin, Zinoviev, Chicherin, Dzerzihnsky, Stalin, Tomsky, Rikov, Smirnov, Frunze Mijilov y Kalinin). Hay, por cierto, otras docenasas docenas.

Además de estos números “mágicos”, están los “números redondos” y los “semiredondos”: 5, 10 (y otras decenas), 25, 100 (y otras centenas), 150, 1000 (y otros millares). A veces se extienden en una unidad: 101, o 1001 (como Las mil y una noches). Entre estos, los más usuales son el 10 y el 100. Títulos como Los diez más grandes…, Los cien más importantes…, y otros parecidos hay en cualquier cantidad. Tomemos, al azar, algunos ejemplos: hace un siglo o poco más, se publicaron, para varios idiomas, antologías poéticas con el título común de Las cien mejores poesías… La de la lengua española fue hecha por Marcelino Menéndez Pelayo y alcanzó tanta resonancia que se la sigue reeditando. Para Bolivia, Juan Quirós preparó la titulada Las cien mejores poesías bolivianas. Como lista, una muy popular, es la lista de Cien obras famosas en el mundo de las letras occidentales, de Luis Nueda. José Antonio Arze preparó una lista de Los cien intelectuales bolivianos y Los cien intelectuales latinoamericanos más importantes. Neruda mostró cierta simpatía por el centenar que se plasmó en su libro Cien sonetos de amor, etc.

Como ejemplos de 1000 y el 1001, podemos citar el libro Mil libros, de Luis Nueda y las famosísimas Mil y una noches (o El libros de las mil noches y una noche).

Una paradoja inevitable está en que, cuando se recogen diversas opiniones, la cantidad de “nominaciones” alcanza generalmente a 10 veces (o más o menos) de la cifra propuesta. Pongamos dos ejemplos: en la encuesta sobre “las diez mejores novelas bolivianas” de Carlos D. Mesa Gisbert los encuestados (creo que 47) propusieron… 91 obras (si no me equivoco); algo parecido ocurrió en la encuesta de Mariano Baptista Gumucio sobre los 10 personajes bolivianos. En las propuestas para formar la lista de 200 libros para la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB), a cada miembro del Comité se pidieron 30 libros; el resultado rondó… mil títulos.

Aquí suspendemos la variable de número.

La materia, el ámbito geográfico. Una selección tiene que estar ubicada en una materia o ámbito: literatura (y, dentro de ésta, poesías, cuentos, novelas, dramas, aforismos, etc.), filosofía, música, pintura, arquitectura, cine, personajes históricos, industria, deportes, etc. A la determinación de la materia se une, generalmente, una consecutiva definición del ámbito geográfico (todo el mundo, occidente, países hispánicos (o hispanohablantes), América, Bolivia, una departamento o localidad: Santa Cruz, Chuquisaca, La Paz, etc.) y una delimitación histórica o cronológica (todas las épocas, la antigüedad, la modernidad, los tiempos actuales, etc.; o, tratándose de Bolivia: todas sus épocas, o solo la república, o solo el último siglo, o solo el presente siglo, o la actualidad). A veces, el título de la lista da cuenta generalmente de los límites en estos ámbitos: Las cien obras capitales de la literatura boliviana (tácitamente, de todos los tiempos) de Juan Siles Guevara; Los 10 jefes militares más importantes en la historia, según el general Omar Bradley (en El libro de las listas), y así, listas selectivas de futbolistas, actores, millonarios, etc.

Hay que procurar combinar ámbitos, porque estas variables (temática, geográfica y temporal) a menudo provocan sesgos en las listas. En varios roles recogidos en el citado Libro de las listas, hay  selecciones literarias que omiten a Cervantes y otros autores de lenguas diferentes al inglés; en una de libros infantiles no están ni Perrault, ni los hermanos Grimm, ni Andersen.. En el mismo libro, entre los grandes militares no aparecen ni Julio César, ni Kutuzov, ni Bolívar. El Premio Nobel de literatura fue persistentemente reprochado por NO haber sido otorgado, entre otros, a Leon Tolstoi, Anton Chejov, Máximo Gorki, Bertolt Brecht, Jorge Luis Borges y otros. Obviamente, estos ámbitos a menudo están en relación con el destinatario de la selección. En una selección literaria para bolivianos, Bolivia estará obviamente mayormente representada que otros países americanos y universales.

La finalidad y el destinatario. ¿Para qué seleccionar y para quién? Es una pregunta que puede a menudo determinar la composición de la lista o de las piezas elegidas. Tomando, por ejemplo, la literatura, es claro que una lista para niños y jóvenes puede tener diferencias importantes con otra destinada a los ancianos o a las personas mayores. En materia biográfica, es muy frecuente la tentanción de elegir personajes ejemplares, como ocurres con muchas vidas de santos o de figuras heroicas, etc. Se puede elegir con la finalidad de que el destinatarios comience a ilustrarse en el tema, o quizá para destacar la importancia práctica o teórica de ciertos libros, personajes o hechos. En libros orientativos sobre cómo leer, cómol escuchar música, como apreciar un cuadro, como ver una película, suelen encontrarse orientaciones de esta clase.

Tres actitudes selectivas. Finalmente, hay tres criterios que no sé si llamarlos transversales o generales que me parecen muy importantes porque atraviesan todos los demás criterios. La actitud del “selector” o “seleccionador” puede dirigirse con uno de estos tres: 1º elegir lo mejor (que puede ser lo más trascendente, los más paradigmático, lo ineludible, lo “casi perfecto”; 2º elegir lo más famoso o lo más popular (dos matices de un mismo criterio), para lo cual es frecuente examinar las opiniones de los críticos, los historiadores y del público a través de encuestas, etc.; 3º elegir lo que tiene el selector como lo preferido, lo que más le gusta, lo que más aprecia. Puede ocurrir que haya, al aplicar estos tres criterios, algunos hechos u obras que aparecen en todas las listas. Sospecho que una persona perteneciente a nuestro mundo hispanoparlante, pondrá, por ejemplo, el Quijote de Cervantes en las tres listas. Si tuviera que elegirse a diez poetas, es difícil prever si Espronceda aparezca entre los diez mejores poetas, pero casi con certidumbre aparecerá entre los diez más populares (especialmente por su Canción del pirata), y entre preferidos, ya es más difícil saber (porque la preferencia es el más subjetivo de los criterios, pero quizá el único indiscutible. En música, los contrastes pueden ser mayores: Bach, Mozart, Beethoven se disputan la primacía entre los mejores, pero ninguno de ellos tiene la popularidad que tienen los compositores populares, cada uno en su época; pomgamos por ejemplo, Strauss, Elvis Presley o los Beatles.

Todo esto tiene implícita una reserva: cualesquiera que sean los criterios elegidos, una selección tiene dos sesgos: uno personal del autor y otra general del entorno. Por esto, ninguna lista puede ser considerada “perfecta” y no pasa de ser una propuesta del quien la elabora.

He aquí, para terminar, tres decadas, que propone el autor de este artículo, restringidas a Bolivia, con exclusión de lo actual, en tres ámbitos bastante disímiles.

DIEZ GRANDES AUTORES DE LA LITERATURA BOLIVIANA. 3 poetas (todos modernistas): Jaimes Freyre, Tamayo, Reynolds.- 2 novelistas (uno romántico y otro realista): Aguirre y Arguedas; 3 cuentistas: Costa du Rels, Céspedes y Cerruto) y 2 ensayistas (Gabriel René Moreno y Medinaceli). Todos ellos creo que pueden competir con ventaja en las letras hispanoamericanas.

DIEZ FIGURAS HISTÓRICAS DE GRAN PROYECCIÓN. 2 presidentes: Amdrés Santa Cruz y Víctor Paz Estenssoro; 3 políticos que no fueron presidentes, pero que tuvieron gravitación histórica: Eliodoro Camacho (liberal), José Antonio Arze (socialista tradicional), Marcelo Quiroga Santa Cruz (socialista actual); 3 hombres de letras: Nataniel Aguirre, Gabriel René Moreno, Augusto Céspedes; 1 empresario: Simón I. Patiño; 1 líder popular: Tupaj Katari.

DIEZ PERSONAJES POLÉMICOS DE LA POLITICA BOLIVIANA. La historia es, en general, polémica; pero hay ciertos personajes extremadamente polémicos, ellos podrían ser: (1) Tupaj Katari (generador de la controversia entre kataristas y amaristas); (2) Simón Bolívar (que ha logrado alineas a historiadores y políticos en dos bandos apasionados: bolivarianistas y antibolivaristas); (3) Manuel Isidoro Belzu (vituperado como azusador de la “plebe” por los ricos y exaltado como líder que empoderó a las masas populares, por los revolucionarios e izquierdistas). (4) José María Linares (apreciado por algunos como “dictador de tipo robespierano”, o sea que quizo imponer la honradez y la moralidad política a la fuerza, y rechazado por otros por su despotismo casi ilimitado); (5) Mariano Melgarejo (para unos el prototipo del dictador iletrado, “bárbaro” y destructivo, últimamente ha sido “rescatado” por algunos simpatizantes, que dicen que eso no era cierto o, por lo menos, no es totalmente cierto); (6) Simón I. Patiño (las actitudes están polarizadas: unos lo consideran como “prócer” civil, el constructor de la Bolivia moderna; otros, como un empresario afortunado que solo expolió a su patria y no hizo nada significativo para ella); (7) Daniel Salamanca (prototipo del político culto y honrado, según unos, o el nefasto e irresponsable conductor de la derrota del Chaco, según otros); (8) José Antonio Arze (el más importante forjador de la izquierda boliviana en la primera mitad del siglo XX, para sus admiradores, y el cómplice de la conciliación con la “rosca” para sus adversarios); (9) Víctor Paz Estenssoro (el protagonista, según unos de la más grande revolución boliviana, y el prototipo de la ambición política mezquina aunque inteligente, propiciador de la corrupción y el desgobierno, según sus enemigos); y (10) Ernesto Che Guevara (gran revolucionario, para la opinión casi unánime de los izquierdistas y de muchos no izquierdistas; o un agresor foráneo y desorejado político, para sus adversarios).

MIS PREFERENCIAS. Si me dieran a elegir tres piezas de la literatura universal y tres de la boliviana como mis preferidas, mi respuesta sería: en la literatura universal: el Quijote de Cervantes, las Cartas de Bolívar y El capital de Marx. En la boliviana: Juan de la Rosa, de Nataniel Aguirre, Pueblo enfermo de Alcides Arguedas y El poder y la caída, de Sergio Almaraz.

¿Qué dice el lector?

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