Noviembre 26, 2020

Un mundo distópico

Sergio Vilar, un estudioso del tema asegura:”Al no tener utopías, el presente resulta estéril: solo se sobrevive en una serie de reproducciones simples de lo que fue y fuimos”.


Sábado 21 de Noviembre de 2020, 5:45pm






La utopía, como se sabe, significa  en “ningún lugar o la tierra de ningún sitio” y se difundió a partir del texto de Tomás Moro (1516). En este texto, Moro describió una isla  ideal, sin excluidos, lugar de armonía y paz. Este deseo “inalcanzable" se convirtió en un mito para los gobernante del siglo XVI, etapa de numerosos conflictos bélicos y religiosos en Europa. Su antecedente es la Politea de Platón.

Es a partir del Renacimiento que los textos utópicos aparecieron continuamente, así  "La ciudad del Sol" de Tomasso Campanella(1612) New Atlantic de Francis Bacon (1627) entre otras, diseñaban los anhelos de una sociedad sin incertidumbres y temores, creando una metapolítica que permitía contrastar con las estructuras injustas de poder  real y tomar acciones para corregirlas.

Esta necesidad provocó en los pensadores a elucubrar soluciones para que el estado belicoso pudiera  ingresar a una etapa  de acuerdo duradero, de esta manera  apareció el Leviathan (1650) que promovía el contrato social con el Estado  a partir de establecer soberanía a partir de un gobierno que represente a la sociedad. Locke con Ensayo sobre el entendimiento (1690) se preocupó  del manejo discrecional de estas representaciones y  planteo el derecho a la rebelión contra un estado opresivo. Todas estas obras son clásicas en las ciencias sociales y muchos de sus argumentos todavía influyen de distinta manera en la vida colectiva. Todas buscaban un bienestar, paz, justicia y certidumbre.

La humanidad, a base de pequeñas utopías que parecían irrealizables, alcanzó bastantes logros que permitieron a la humanidad avanzar, por ejemplo la jornada laboral de ocho horas, el seguro social, el derecho a la educación de hombres y mujeres en igualdad de condiciones, entre otras conquistas sociales menores  y otras mayores que  constituyen una tarea global, como el la preservación de la vida, el medioambiente y la igualdad de derechos de todos los seres humanos, sin excepción.

Sergio Vilar, un estudioso del tema asegura:”Al no tener utopías, el presente resulta estéril: solo se sobrevive en una serie de reproducciones simples de lo que fue y fuimos”.

Los acontecimientos diarios, nos señalan que el mundo tiene siempre malas nuevas, sucesos negativos  que se acumulan desde hace siglos y que la humanidad no puede resolverlos y, lo más desastroso: los países del primer mundo los viven como todos, en distintos grados e intensidades.

Los avances rutilantes de la ciencia más bien han acentuado señales distópicas, como el hecho de que un microscópico virus pone en jaque al mundo y todo su aparato científico no puede vencerlo  todavía y tal vez no lo haga; sin embargo, no cesa la fabricación de armas letales, la violencia y el racismo develan que estamos retrocediendo a los miedos apocalípticos de la Edad Media.

Hay un estado de crispación  que se manifiesta en las conductas de las personas que ejercen la intolerancia en vez de la convivencia, a esto contribuye  la manipulación de la información al servicio de corporaciones con propósitos de dominio, así las redes sociales, varios medios escritos y la televisión se han convertido en armas letales que no te matan, pero penetran tu conciencia que es otra manera de morir.

El historiador Max Nettlau dice: Cualquiera que sea el descubrimiento, la realización de un ideal considerado utópico, se sabe que mañana será un arma más de destrucción, que será vulgarizado en el sentido comercial”

La distopía es lo contrario de la utopía, ambas son laicas y terrenales, aunque como dice Jhon Gray, las religiones también te ofrecen paraísos utópicos,  agregamos, también distópicos como el infierno y el purgatorio.

Este término empezó a usarse a finales del siglo XIX por Jhon Stuart Mill, su raíz griega dys significa malo, se refiere a un lugar (topos) malo, no deseable para  los seres humanos. La literatura y las artes se han nutrido de este estado de crisis, así el año 1860, Lord Litton publicó La raza futura, en la que prefiguraba el desarrollo solamente de la técnica , la ciencia y la corrupción, conduciría al mundo hacia la desdicha en desmedro de los valores humanos.

Hemos pasado la pesadilla de un año distópico y extenuante, con una tropa de políticos de cuarta categoría: ¿Qué nos pasó para merecer esto?

 

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