Noviembre 14, 2019

La disexualidad, cuando la experiencia con humanos no es suficiente

La tecnología ya está presente en todas las facetas de nuestra vida. Y el sexo no puede estar excluido de aquell. Ahora, surgió un nuevo concepto en gustos sexuales: la digisexualidad.


Jueves 17 de Octubre de 2019, 4:15pm




La Paz, 17 de octubre (Urgente.bo).- Hace apenas dos años, el mundo vio el nacimiento (y los orgasmos) de Samantha, la primera muñeca sexual del mundo con inteligencia artificial, capaz de “sentir” la estimulación sexual. Fue presentada al mundo en Barcelona, España, por su creador, el ingeniero Sergi Santos.

Desde ese y otros hitos se ha desatado una competencia para la influencia (y dominio) de la inteligencia artificial, donde los nuevos productos sean regidos absolutamente por los mandatos del internet de las cosas. Los robots son los dioses del Olimpo digital.

Y ahora esto no es sólo una sospecha; ahora estamos seguros de que los androides jugarán una parte esencial en nuestras vidas... incluso sexualmente hablando, pues en el mundo ya hay un puñado de personas que se definen a sí mismas como “digisexuales”, que buscan placer sexual con robots eróticos o con el uso de juguetes sexuales con inteligencia artificial. El sexo con humanos ya no les es suficiente.

De acuerdo con un estudio hecho por un grupo de investigadores de la Universidad de Manitoba (Canadá), a medida que las tecnologías sexuales avancen, “cada vez más personas llegarán a identificarse como digisexuales, quienes tienen al mundo digital como su primera identidad sexual.

En ese mismo estudio, publicado en la revista Sexual and Relationship Therapy, los investigadores advierten que esta tendencia aumentará a partir del 2020, pues las personas empezarán a formar una intensa conexión con sus parejas robots, que tendrán la capacidad de satisfacer los deseos específicos de las personas y podrán hacer cosas que quizá sean imposibles de hacer para otros humanos.

De acuerdo con el ingeniero Adrián David Cheok, de la Universidad de Londres, en parte esta tendencia está en crecimiento porque en un futuro será más fácil y “más conveniente” tener sexo con un robot, pues “podrás tener exactamente el tipo de sexo que quieras. Ese será el futuro”. “Tendremos más sexo con nuestros robots y el siguiente caso será el amor”.

Lo que es un hecho es que, tal como dice el estudio, los especialistas deberán prepararse para los retos y los beneficios asociados con la adopción de estas tecnologías sexuales para que se mantengan “éticas y viables” en todo momento.

El siguiente paso es sacar a la luz reglamentos y pautas que ayuden tanto a los individuos como a la sociedad para tomar “decisiones informadas respecto a la participación que tendrán en las actividades tecnológicas de cualquier tipo y dejar a un lado las que tienen una naturaleza sexual”.

Historias de personas enamoradas

¿Puede una persona enamorarse de una máquina? La respuesta es ‘sí’, o eso dicen quienes han contraído matrimonio con un holograma, mantienen relaciones sexuales con un androide o reniegan del contacto con la carne humana. Así son los ‘digisexuales’ y así podría ser el amor en el futuro.

“Mis dos únicas relaciones con hombres han confirmado mi orientación amorosa, porque realmente me disgusta el contacto físico con la carne humana”. Así define ‘Lilly’, una francesa de la que no se tienen más datos, su actual vida sentimental, suplida con el diseño de un robot impreso en 3D realizado por ella misma. Un caso similar al de Zheng Jiajia, un ingeniero chino que en 2017 se casó con un robot diseñado por él mismo, y al que había llamado ‘Yingying’. Hay ejemplos documentados de bodas en varios países que han unido en matrimonio a personas con robots e incluso con hologramas. Ninguna está legalmente reconocida, pero para sus cónyuges humanos son más que suficiente demostración de su ‘digisexualidad’, algo que los expertos se toman muy en serio y que, advierten, pronto será una orientación sexual más: la que tienen aquellas personas atraídas física o sexualmente por robots y máquinas en general. Consideran que dentro de unos años ni siquiera hablaremos de ello, por ser algo absolutamente normal y habitual.

Entre estos expertos están Neil McArthur, profesor asociado de Filosofía en la Universidad de Manitoba, y Markie Twist, profesora de desarrollo humano y estudios familiares en la Universidad de Winsconsin-Stout. Juntos publicaron el año pasado ‘El ascenso de la digisexualidad’, uno de los primeros artículos científicos sobre un fenómeno que se entronca en la generalizada aceptación de distintas identidades sexuales, en el perfeccionamiento de su identificación y definición por parte de la ciencia y en el auge de una tecnología que abarca absolutamente todos los aspectos de nuestras vidas.

Las etapas de la Digisexualidad

Los autores dibujaron en su artículo dos olas o estados de este fenómeno. La primera tiene que ver con algo tan antiguo como la pornografía, que en la era digital también se ha reconvertido y ha alumbrado conceptos como el ‘sexting’ (intercambio a través de Internet de material audiovisual íntimo entre dos o más personas), el acceso a contenidos pornográficos online o el auge de los juguetes sexuales electrónicos, algunos de ellos conectados (por lo que tienen capacidad de sincronizarse con películas pornográficas, están equipados con inteligencia artificial o permiten que una persona los controle a distancia mientras los utilizad otro sujeto).

Esta primera ola habría evolucionado hacia la ‘digisexualidad’, un segundo estado en el que la llegada de tecnologías inmersivas como la Realidad Virtual o la Realidad Aumentada, y su combinación con robots dotados de inteligencia artificial, permitiría prescindir por completo del componente humano que quedaba en la primera ola del sexo digital.

En la digisexualidad ya no es necesario que dos humanos intercambien pornografía a través de la Red o que mantengan lo más parecido a una relación sexual a través del ciberespacio con o sin ayuda de aparatos electrónicos: supone eliminar de la ecuación a uno de los humanos para sustituirlo por completo por una realidad digital. Ya sea un personaje de ficción con el que se mantienen relaciones gracias a la Realidad Virtual y la ayuda de juguetes sexuales conectados o, simplemente, acostándose con un robot.

Por ahora, probablemente se trate de un capricho de ricos. Un robot sexual puede costar más de 12.000 dólares, cifra que alcanzan algunos de los modelos que ya existen en el mercado. Uno de ellos incluso ofrece caras intercambiables, ya que uno de los potenciales del sexo digital será poder cambiar de pareja prácticamente cada día, aunque manteniendo como base a la misma persona. Quienes no puedan permitirse un capricho de estas características podrán acudir a burdeles en los que en lugar de prostitutas hay robots. Uno de estos locales, ubicado en Moscú (Rusia), permite disfrutar de 30 minutos de juegos sexuales tecnológicos por 90 dólares. A pesar de ello, todavía es pronto para que veamos las calles de las principales ciudades copadas de prostíbulos robóticos. De hecho, están surgiendo muchas trabas a su proliferación.

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