Enero 16, 2021

Los libelos inflamatorios

Aquellos tiempos de libelos inflamatorios dirigidos al hígado del adversario ¿ han muerto?


Jueves 14 de Enero de 2021, 1:00pm






El año 1979, el periodista Raul Rivadeniera publicó un estudio  sobre  el manejo lingüístico de los candidatos y su verbosidad para  descalificar a sus oponentes, tituló su texto: La guerra de los Insultos. La propaganda política en Bolivia. El escenario conflictivo de entonces, derivado por un virtual empate entre Paz Estensoro y Siles Zuazo, incitó a provocar una cruenta masacre militar  en noviembre  de ese año, encabezado por el coronel Natusch Bush, coludido con el infamante Guillermo Bedregal. El libro fue mal recibido por los políticos, porque desnudaba sus limitaciones y su total falta de ética.

Si bien esta vieja manera de “hacer” política a partir de la diatriba y el insulto no cambia,  percibimos  ahora que tenemos un escenario democrático, una floja performance de los postulantes y sus equipos de campaña para engendrar deliciosos y ocurrentes calificativos y, por lo menos, divertir a los electores. Creo que esta esterilidad se debe a los millones de usuarios del Facebook que tienen la oportunidad de insultar  ensuciando el lenguaje y arrastrándole por la esterilidad que devela la crisis educativa, sobre todo en cuanto a la instrucción en  lectura y  escritura.

El uso desenfrenado de las redes constituye  un foco de irradiación de las idioteces repetidas y mal escritas por otros seguidores; sin embargo para nuestro pobre consuelo, el ejército de ágrafos no atañen solo a nuestro Estado.

Los debates  fecundos  siempre son- precisamente- sobre  política y  religión, interminables peroratas que generalmente conducen hacia la dispersión, porque nadie cede, sola  la realidad, más poderosa que ninguna, pone en su sitio a todos.

El año 1920, Belisario Díaz Romero, un prominente intelectual positivista, se enfrascaba en una dura polémica con un oscuro cura que  lanzó duras diatribas contra su posición sobre la creación y la evolución. Después de largas batallas  en los periódicos de la época, Díaz Romero publicó un libro que encendería mucho más la polémica y develaría la posición altamente conservadora de la elite paceña criolla coligada con la iglesia.  En  el libro "Ecclesia versus Scintia", publicada el año 1921; en  parte del preámbulo, el autor anota: Forzosamente tenemos que hablar recio y claro, empleando frases duras y, por cierto, desagradables a los oídos castos o delicados.(…) En la lucha tenemos que emplear todas las armas, "en la guerra como en la guerra”, le habíamos anunciado al enemigo, por lo tanto este no tiene que tomar con extrañeza que esgrimiremos calificativos amargos o caústicos  para él. Nuestras expresiones serias una veces, ya recatadas, ya iracundas, servirán de placer para todos los gustos”

Díaz Romero se preocupaba por el goce del lector, y consideraba su campaña a favor de la ciencia, como un acto estético. El libro es delicioso y  merece una reedición por la Biblioteca del Bicentenario, del cura que incitó el libro ya nadie se acuerda.

José María Vargas Vila (1860-1933), novelista colombiano  tuvo su época de gloria con novelas calientes que buscaban los jóvenes de la época, (Flor de fango, Ibis), pero en el texto La muerte del cóndor  desata su furia y enjundia de alto vitriolo por el asesinato de su amigo, el liberal ecuatoriano  Eloy Alfaro(1842-1912)  en manos de una turba encaminada por Leónidas Plaza. Este acudió a sus zalameros para descalificar el libro. Vargas Vila respondió:(…) los bonzos gelatinosos del capitolio de Quito, se volvieron hacia su amo para desagraviarlo, balbuceando cosas ineptas contra mí. Los niños mamantones del Tiberio ecuatorial, soltaron aquello que les servía de biberón, para vomitar sobre mi sus prosas escrufulosas, y, se dispersaron por las repúblicas del Pacífico para polucionar las prensas con sus dicterios de foliculares vergonzantes… fetos de la prostitución.

Plaza es la enorme vaca andrógina, hecha para desconcertar por igual, todos los cálculos de la Zoología y todos los postulados de la Ética…. En la escala teratológica, no pertenece a los felinos, a los carniceros,… pertenece a los rastreros, a los vertebrados inferiores, anfibio extraño que busca la sombra violácea de las aguas del pantano, mitad hiena, mitad boa, esperadlo en la noche, en el silencio, a la hora de devorar los cadáveres… Un día el apogeo del insecto tuvo su fin, como larva coronada…

Aquellos tiempos de libelos inflamatorios dirigidos al hígado del adversario ¿ han muerto?

 

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