Enero 29, 2022

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Recuento de daños


Jueves 30 de Diciembre de 2021, 5:15pm






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No existe un solo calendario en el mundo, hay varios que desplazan el comienzo del año a otras fechas, pero desde la instauración del calendario gregoriano, en muchas partes del mundo occidentalizado se inaugura el 1 de enero. Un año dura 365 días, en los cuales la vida de los habitantes se ocupa – la mayor parte del tiempo- en conseguir dinero para mantenerse vivo en las ciudades que engullen sueños, deseos y proyectos. Pocos son los que acometen un plan y les sale como pensaban. Estos, la mayoría de las veces, con ayuda de la corrupción y con los valores morales archivados en un rincón. Bolivia sigue figurando entre los países más corruptos de la región y todo parece indicar que seguiremos en los primeros lugares del ranking.

La peligrosa desilusión que repta sigilosamente en las conciencias de las clases populares que votan en cada ejercicio democrático para elegir a sus representantes, es cada vez más alta. Uno de nuestros ejercicios semanales es recorrer los mercados, trasladarnos en transporte público y conversar para enterarnos de cómo piensan y actúan aquellas mayorías que no leen prensa escrita, pero ven noticiosos de televisión, radio, redes sociales y acuden luego a corroborar en los periódicos sobre algo dudoso. Para las amas de casa el mejor noticiero son los mercados, desde chismes calientes sobre la vida amorosa clandestina de los políticos, hasta los relatos más horrorosos de feminicidios e infanticidios, además de las consabidas operaciones de los políticos en actos de corrupción sin límites, son el alimento comunicacional que nutre la vida comunitaria de los qha’tus en los que caseritas y clientela esgrimen sabrosamente los comentarios.

La confrontación MAS versus el resto de las fuerzas conservadoras no les afecta mucho, ruegan que la estabilidad económica no tenga fluctuaciones fuertes y no les permita acceder a préstamos y a jugar el pasanaku sin la presencia del Estado.  Les divierte las peleas de los parlamentarios y abominan como un gobernador aullador y un proctólogo chillón ajaron la Whipala en Santa Cruz, develando que tenemos un Estado dentro otro Estado, manejado por un grupo de familias y comparsas desde hace mucho tiempo sin que las clases populares reaccionen ante el asalto frente a sus narices a las arcas departamentales.

Senkata, Sacaba, Huayllani, les llena de tristeza y no pueden asimilar que una mujer que es madre diera la orden para la matanza y dejara viudas, huérfanos y discapacitados. Alguna de ellas es pariente de un masacrado y llora por sus sobrinos que quedaron desamparados.

Sobre la ley 1386 aseguran que “…el Luchito (el presidente) no informo bien, no le acompañaron sus ministros… tal vez si hubieran explicado bien otra sería la situación”.

No confían en la Policía Nacional, les inspira temor, pero aseguran que “con unos billetitos, todo se arregla, es mejor arreglar con el ladrón porque así te sale más barato, arguyen” y se tapan su risa.” Saben al detalle, las tropelías delincuenciales del Gral. Iván Rojas y se sorprenden de como nunca lo atraparon y permitieron que escape con su enorme fortuna, fruto del dolo y el chantaje. [P1] [P2] Tampoco las FFAA gozan de prestigio, un capitán resulto ser un avezado asaltante que, a punta de arma reglamentaria, sembraba el terror en los negocios de Cochabamba, o el accidente de carretera, protagonizado por dos generales en estado de ebriedad no ayudan, precisamente, a restaurar su imagen que se desportilló otra vez en las masacres del 2019.

Concluyen que la pandemia nos cambió la vida a todos, que nuestro país necesita una limpia porque hay mucho ke’ncha que le hace daño y que la tierra está enojada por su causa. Esta manera de entender la conflictividad social, donde el sentimiento, es parte de la construcción del imaginario ignorado por la mayoría de los políticos que viven en su burbuja de vidrio barato que se rompe muy fácilmente. Antonio Damasio, el neurocientífico, elaboro un texto extraordinario sobre como la vida y los sentimientos, configuran una visión de la historia cultural y política, como una advertencia a los actores políticos para que se preocupen en prepararse  antes de asumir representaciones sociales y no causar más daño y evitar baños de sangre que generan violencia y dolor.


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