Octubre 13, 2019

Usuarios de todo, pero dueños de nada

Así que amable lector, aquella sensación de ser propietario de algo. De bienestar por ser dueño de algo, de ser exitoso por contar con patrimonio, es muy probable que para sus nietos sea algo incomprensible,


Miércoles 9 de Octubre de 2019, 9:30am




Resetee su forma de ver la propiedad privada. Los hábitos de consumo en la economía naranja y del conocimiento, están cambiando vertiginosamente. Casi frenéticamente. Las cosas ya no se acumulan, no se guardan. No se adquieren. No se es propietario. Ahora todo se alquila. Cuando uno quiere, como uno quiera y por el tiempo que uno desee. Todo se usa y se deshecha. ¡Bienvenidos al mundo de la economía de las plataformas!

¿Cómo llegamos a este punto? Las plataformas digitales, la conciencia de la reducción de nuestra huella de carbono, el riesgo de la precarización en el mercado laboral y un vuelco profundo en el consumo de las cosas y su valor momentáneo y no perpetuo, están siendo un fuerte dolor de cabeza para las economías tradicionales.

Ya sea por una necesidad, por estar convencido o por una tendencia imparable, los usuarios ahora relegan la adquisición de objetos en favor del arrendamiento de servicios.

Somos una sociedad de la suscripción, del pago por acceso sólo por un tiempo específico. Somos membresía trimestral, no de por vida. Pruebo y me voy. Consumo y busco alternativas. Estamos parados sobre un montante entre el pasado para siempre y el futuro líquido.

Los coworks son cada vez más, Airbnb, patinetas eléctricas, bicicletas públicas y los coches de alquiler que sólo en Europa tiene un crecimiento de dos dígitos año contra año y que predice que habrá cerca de 16 millones de vehículo para rentar. Sólo piense que en lugar de que su auto este parado más 200 horas al año en un garaje, usted gane dinero alquilándolo a un amigo o pariente.

Y el tsunami se extiende desde el leasing de oficina, licencias de software, herramientas de trabajo, muebles, electrodomésticos, joyas. Todo lo que se pueda imaginar y sea sujeto a alquilar tiene una demanda atractiva.

Quien midió esté fenómeno es Joseph Coughlin, director del Instituto de Tecnología de Massachusetts, quien postula que estamos en el umbral de una nueva forma de economía donde tenemos todo y no tenemos nada.

La economía de las plataformas en España representa cerca del 1,4% del PIB. Hace tan sólo tres años atrás, la consultora PwC calculó que solo la economía colaborativa tendría un volumen de negocio mundial de 570.000 millones de dólares.

Pero no todo se reduce a Millenials y Centenials, consumidores agresivos digitales, sino que ya el fenómeno impacta a gente de 40 años para arriba. Sin ir más lejos la política danesa y miembro del Parlamento del Partido Liberal, Ida Auken avizoró en el Foro Económico Mundial en 2016: “Bienvenidos a 2030. No tengo nada. No tengo auto. No soy dueño de una casa. No tengo electrodomésticos ni siquiera mi ropa es mía…Todo es de alquiler”.

Así que amable lector, aquella sensación de ser propietario de algo. De bienestar por ser dueño de algo, de ser exitoso por contar con patrimonio, es muy probable que para sus nietos sea algo incomprensible, ya que la economía colaborativa y de plataformas, nos está enseñando y casi obligando a ser más eficientes con la energía, con el uso de las cosas y con reducir cada vez más mientras huella de carbono.

Pero no todo es melifluo. En este modelo uno pierde intimidad. Todo lo que el usuario hace, dice o piensa en la sociedad del alquiler queda registrado en algún lugar y alguien, por supuesto, lucrará, usará esa data y, hasta incluso, pondrá en riesgo nuestro mayor y más preciada propiedad; nuestra privacidad.

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