Septiembre 23, 2020

Belzu, La Época y el socialismo

“En verdad, para los tiempos aquellos, —dice, por su parte, el preclaro historiador Rigoberto Paredes (1870-1951)— tal publicación era de mucha importancia y exigía para no fracazar [sic]; que la empresa venciera en sus primeros pasos dificultades sin cuento.


Martes 4 de Agosto de 2020, 2:00pm






  1. Introducción

La fundación de La Época marca un hito importante en la historia de la prensa nacional, porque significa la aparición del periodismo cotidiano en Bolivia; permaneció en la palestra desde 1845 hasta 1857 y desde 1866 hasta 1868, aunque es cierto que con "alternativas e interrupciones".[1]

La Época es, además, un periódico "tipo" del gobierno de Belzu (1848-1855), como lo fue de los regímenes de Ballivián (1841-1847), Velasco (1848), Córdoba (1855-1857) o Melgarejo (1866-1868).

No hay que perder de vista que La Época estuvo junto a Belzu durante toda su administración, al haber sido el único órgano de prensa que circuló diariamente en todo el período que este mandatario detentó el poder. 

La circulación del cotidiano al que nos referimos, no estaba, además, restringida a la ciudad de La Paz, sino que abarcaba a varios distritos del interior, por lo menos, Oruro, Cochabamba y Potosí, ciudades en las que tenía un encargado de recibir suscripciones y vender el periódico.[2]

  1. La Época, un referente en el periodismo nacional

La Época fue creada por el controvertido periodista y político Juan Ramón Muñoz Cabrera (1800-1879). Gabriel René Moreno (1834-1908), al esbozar la relación de este inquieto personaje con el primer diario boliviano dice: “En 1845 lo tenemos en La Paz como redactor-fundador de ‘La Época’, diario comercial, político, literario, oficioso respecto del Gobierno, independiente como empresa industrial, gran parte sostenido por el favor del público (…) Otro argentino, D. Wenceslao Paunero [1805-1871] era el dueño. Es la gaceta cotidiana primeramente fundada en Bolivia. Muñoz Cabrera le imprimió carácter.[3]

“En verdad, para los tiempos aquellos, —dice, por su parte, el preclaro historiador Rigoberto Paredes (1870-1951)— tal publicación era de mucha importancia y exigía para no fracazar [sic]; que la empresa venciera en sus primeros pasos dificultades sin cuento, ‘siendo quizá la principal que se les ofrezca la escasa suscripción a que deben estar preparados’ […].— Sin embargo de esos temores, ‘La Época’ circuló desde el 1º de mayo de 1845 con éxito brillante para la empresa por el número suficiente de suscriptores que tuvo, que sostuvieron el periódico con independencia y crédito”,[4] durante algún tiempo, porque luego acudió a la suscripción gubernativa.

El paso de Juan Ramón Muñoz Cabrera por La Época —en esta etapa— fue de tan sólo cinco meses, según el propio periodista. En efecto, este órgano inició sus ediciones el 1 de mayo de 1845, y el 29 de septiembre del mismo año se anunciaba el cambio de redactor. Decía, entonces, Cabrera: “La Época va a mudar de redactor: ella se desprende de nuestros brazos débiles para apoyarse en otros más fuertes y seguros […] Por espacio de cinco meses que han durado nuestros trabajos periodísticos no hemos capitulado una vez sola, ni con los abusos, ni con las pretensiones autocráticas de algunos magistrados, no acostumbrados á oir el eco adusto de la verdad. Hemos atacado los abusos, defendido á la humanidad y salido á la arena cuando nos lo ha exigido el honor de la patria. No lo negaremos jamás. Cuando se nos pregunte dónde están nuestros títulos, diremos sin vacilar: —‘ahí están cinco meses de tarea en las columnas de La Época’…”.[5]

“Tenemos asimismo la alta gloria de haber contribuido, —añadía Muñoz en la referida nota explicativa de su actividad— de algún modo, al movimiento social que se empieza a sentir por todas partes. ‘El Amigo del Pueblo’ redactado por una sociedad de jóvenes paceños, es otro de los gloriosos resultados de nuestro humilde esfuerzo. No moriremos, pues, supuesto que ‘La Época’ debe seguir imperturbable y que ‘El Amigo del Pueblo’, elevándose como el Fénix de Troya, sobre nuestras cenizas, va á empezar á cantar los triunfos de la prensa y las victorias de la humanidad…”.[6]

De esa manera Muñoz Cabrera se despedía de La Época y cambiaba su residencia para establecerse temporalmente en Cochabamba donde vivían algunos familiares. A partir de entonces, la conducción de La Época recayó en Domingo de Oro (1800-1879).

En torno a las generalidades del contenido de La Época, este periódico, en un principio, "buscaba propalar el programa gubernamental [de Ballivián] y convertirse en centro de los exiliados argentinos anti-rosistas.[7] De esa manera, estuvo marcado, desde sus comienzos, por el signo del oficialismo, que llevó consigo hasta el momento de su desaparición, cuando estuvo junto al gobierno de Melgarejo (1864-1871).

Contó, desde su fundación, con la participación de destacados intelectuales tanto nacionales, cuanto extranjeros.  Sobre el particular, León M. Loza (1878-1955) apunta lo siguiente:

"Durante la administración del primer Ballivián, vino la implantación del verdadero diarismo, con la fundación de 'La Época', cuyo primer director fue Juan Ramón Muñoz Cabrera, y editor o empresario, Wenceslao Paunero.  Recibía el apoyo del gobierno Ballivián, bien que mereció desde un principio la protección del público, en razón de su avanzada factura y de la altura de sus escritos.  Fueron sus redactores, además de los nombrados, Domingo Oro, Mariano Ramallo [1817-1883], Manuel José Cortés [1815-1865], Félix Reyes Ortíz [1822-1900] que inició allí su carrera literaria.  Escribieron también la mayor parte sino todos los hombres públicos que participaban en la administración pública, a comenzar de Casimiro Olañeta [1795-1860].  Su número inicial apareció el primero de mayo de 1845 y el último que corresponde al 2,990, el 9 de julio de 1868.  Fue el periódico más serio y mejor informado de su tiempo.  Desfilaron por las salas de su redacción, personalidades de alto merecimiento, ya del país, ya del extranjero, como Bartolomé Mitre [1821-1906], después presidente de su patria y fundador y propietario de 'La Nación' de Buenos Aires".[8]

Ramallo fue director de La Época hasta el 29 de julio de 1847, fecha en la cual renunció a ese cargo "esperando que 'una pluma más avezada se consagre a la noble tarea de mejorar las costumbres e ilustrar al pueblo'. Esa pluma avezada era la de Bartolomé Mitre".[9]

Nicolás Acosta (1844-1893) indica que La Época en los primeros tres años de vida (1845-1847), fue redactada por "don Juan Ramón Muñoz que pretendía ser su fundador; después por don Domingo Oro, don Bartolomé Mitre [1821-1906], don Wenceslao Paunero, don Mariano Ramallo, don Manuel José Cortés y otros".[10]  Añade que en este órgano de prensa publicó varios artículos Casimiro Olañeta.[11]

A la nómina de periodistas y escritores que colaboraron con este periódico, debemos añadir los nombres de Melitón Solá, que colaboró desde 1846[12] y José María Molina, desde 1853.[13]

Cuando el general Manuel Isidoro Belzu se hizo cargo del gobierno (6 de diciembre de 1848), contó, desde un principio, en columnas de La Época con el apoyo del periodista Pedro Barrios Casa Mayor.[14]

“Desde 1852 —sostiene Percy Brun— mejoró el contenido del texto de comentario u opinión de la primera página, texto identificado con el título de sección: “La Época”. Para entonces, Félix Reyes Ortiz (1828-1884) se había hecho cargo de la redacción. Reyes fue uno de los más importantes intelectuales de La Paz en el siglo XIX. Se inició como periodista en La Época; fue el más remarcable redactor que tuvo el diario entre 1849 y 1853 y en 1857. No obstante, fue desterrado en marzo de 1853 a causa del artículo Moralización del ejército. Quedó en vez de él: José María Molina. En 1857 también figuraba Francisco Muñoz”.[15]

De acuerdo con Gabriel René Moreno, La Época "se presentó como cualquier diario de clase entonces en Montevideo, Valparaiso  ó Lima; con lectura variada y nueva, revistas del exterior, informaciones é indicaciones locales y generales de toda especie, despachos de aduana, itinerarios de vapores en el Pacífico, crónica religiosa, noticias de policía, avisos de comercio, etc., etc. Aquello fue una novedad en la encerrada república y llovieron las suscripciones de todos los puntos del territorio".[16]

Siempre en términos del ilustre polígrafo cruceño, "lo más notable de este diario [La Época] es el criterio liberal y sensato con que trataba los intereses nacionales así externos como domésticos.  Se apartó ante todo del acatamiento sumo al poder reinante; no sacó a puja los gaznates de las otras gacetas para gorgoritear en coro la grandeza opulenta, la gloria heroica y el buen sentido admirable del pueblo boliviano; rompió con el gusto de las disertaciones morosísimas, circunscriptas a personas ó genéricas en tratándose de cosas, eximias politiqueadoras, aferradas á cien rutinas del lugar ó de la nación, etc.  Junto con todo lo oficial, componían ellas el guisado uniforme y la sazón invariable de los periódicos del país".[17]

Carlos Gregorio Taborga (1909-1990) corrobora las palabras de Gabriel René Moreno, al manifestar que "La Época, a semejanza de los diarios de Montevideo, Santiago o Buenos Aires, introdujo otro estilo de tratamiento a los problemas nacionales, con expresión de un lenguaje de altura y mutuo respeto a las opiniones ajenas.  Además, innovó el material de informaciones con la inclusión de crónicas, comentarios, noticias extranjeras y nacionales, dando campo a la vez, a las expresiones literarias en boga, proviniera de firmas consagradas del país o de autores foráneos".[18]

Por su parte, Rodolfo Salamanca Lafuente (1914-1998), brinda sobre el diario que nos sirve de referencia, la siguiente descripción:

"Su modalidad es todavía de los artículos sesudos que llenan la primera plana y pasan a la segunda.  La noticia, necesaria pero no parte importante de su cuerpo, se relega a planos secundarios.  Una sección de folletín da paso a la literatura de ficción, a las expresiones de la literatura francesa, cual aparece en su primer número.  La información nacional y local, antes que referencia escueta, se presenta en forma de estudios breves de las riquezas naturales: coca, quina, industria natural, minería, puerto de Cobija, etc.  Replica a El Republicano que publica versiones denigrantes acerca del gobierno de Bolivia".[19]

  1. Imprentas en que se editó La Época

Antes de continuar, es importante detenernos brevemente y conocer algunos pormenores de las imprentas en las que se dio a estampa nuestro periódico.

Rodolfo Salamanca Lafuente, por ejemplo, consigna que Wenceslao Paunero (1805-1871) "con anuencia del presidente Ballivián formó la Empresa Editora 'Imprenta de Vapor El Carmen' con la finalidad de dar existencia a un diario [La Época]".[20]  Sin embargo, Moreno, en su Ensayo de una bibliografía general de los periódicos de Bolivia, apunta que La Época se editó, en los primeros años de su existencia, en la imprenta del mismo nombre, pues, más adelante, la Imprenta Paceña tomó a su cargo la edición de este órgano de prensa.[21]       

Sobre el tema, Nicolás Acosta brinda los siguientes datos:

“…La 'Imprenta de La Época' se introdujo el año 1845, mandada traer por el presidente Ballivián./ En el mismo periodo la imprenta del Colejio de Artes con algunas nuevas adquisiciones tomó el nombre de 'Paceña', la que en 1848 se refundió con la imprenta de 'La Época'—Separadas nuevamente a poco tiempo, la de 'La Época' continuó con el nombre de Paceña, bajo la dirección de Manuel Hurtado y la anterior dióse el nombre de 'El Pueblo'./ La 'Imprenta de la Opinión' —continúa Acosta— fué adquirida en los últimos días de la administración Belzu por los señores Salmon y ha prestado importantes servicios a la literatura de folletos y libros bajo la dirección de don Simon Alcocer./ En 1852 la 'Imprenta Paceña' y la empresa del diario 'La Época' pasaron a poder de don Eujenio Alcarcon./ La 'Imprenta de Vapor' fue mandada traer por Belzu, y entregada a don Eujenio Alarcon que la unió a la 'La Época'”.[22]

En nota al pie de página, Paredes afirma no haber podido “averiguar de dónde obtuvo el señor Acosta el dato de que la imprenta de ‘La Época’ cambió su título en el de ‘Paceña’; talvez sea porque algunos útiles de aquélla pasaron a esta última. ‘El Grito de la Libertad’, periódico que se editaba en esta imprenta en 1847, inserta en sus columnas el remitido que transcribimos por el interés que tiene para que se vea que entre la imprenta ‘Paceña’ y la de ‘La Época’ había mucha diferencia”. Afirma, al respecto lo siguiente:

“El Sr. Portales o el Sr. Paunero, no estamos bien [seguros] cuál de los dos, compró al “Estado la Imprenta que conocemos con el nombre de ‘La Época’, no sabemos en cuánto, con el plazo de dos años, según ha llegado á nuestra noticia y con otras condiciones que también ignoramos. Cumplido el plazo, el Sr. Paunero no ha dado un solo real y ha poseído la imprenta repetida, sacando de ella grandes utilidades que sabemos, en atención a algunas consideraciones que las conoce el público. /Ha llegado pues la noticia que se pretende pasar la imprenta a un extrangero, y como ella, por no haber dado su importe el comprador, es del Estado; —pedimos a las autoridades competentes la recojan y la pasen á algún hijo del país, procurando lo más antes que se pueda, hacer que se cree un diario más independiente de que ha sido la ‘Época’ y que sea además un periódico boliviano y no un diario extrangero y semi oficial sostenido por La Paz./ Sería muy bueno que subsistiera con el mismo nombre—pues creemos que él nada importan para que pudiera tener una influencia opuesta á la libertad que hemos proclamado”.[23]

La nota transcripta por Paredes está firmada por “Muchos paceños”. Este historiador continúa su relación en los siguientes términos:

“Pasados algunos años, bajo la administración del General D. José Ballivián, los tipos y prensas del Colegio de Artes, se hallaban en estado ruinoso, haciéndose indispensable su reemplazo con una nueva imprenta que atendiese satisfactoriamente la necesidad de publicación que demandaban los documentos oficiales. El gobierno, teniendo presente estas circunstancias, y obedeciendo, además a las influencias de los proscritos argentinos que deseaban disponer de una hoja para atacar al dictador Rosas, adquirió por cuenta del Estado, una tipografía que introducida á La Paz en 1845, fué vendida a don Wenceslao Paunero, que puso al servicio público con el nombre de ‘Imprenta de la Época’.[24]

Sabido es, que de manera particular, los distintos gobiernos que se sucedieron durante los primeros años de la República, y en general casi la totalidad de ellos, a su modo impulsaron el desarrollo de la prensa, unos para empujar su crecimiento, sin mayores intereses y otros, los más, para aprovecharse de ella. Así, pues, el propio Paredes brinda otros datos sobre la imprenta en que se editó, primero, La Gaceta y luego, La Época:

“El Gobierno, á efecto de prestar su protección decidida, encomendó al nuevo taller la impresión de la ‘Gaceta’, órgano oficial que desde el Nº 54 correspondiente al 26 de abril de ese año (1845), salió de las oficinas de aquella casa editora. ‘Con este motivo —decía La Gaceta— nos es grato anunciar al público la instalación de dicha imprenta por empresa particular del todo independiente del influjo é intervención de la autoridad; lo mismo que la publicación de un diario con el título de ‘La Época’.[25]  “Por lo pronto se editaron allá los dos periódicos enunciados [La Gaceta y La Época], denotando el último que el arte tipográfico había entrado en una nueva fase de su desarrollo, puesto que se publicaba por primera vez en Bolivia, un periódico, que además de tener el carácter de independiente, era diario”.[26]

La afirmación de Paredes referida a la independencia de La Época en sus inicios, es muy discutible, puesto que en la práctica sirvió los intereses del gobierno de Ballivián, y como albergaba en su seno un grupo de intelectuales anti rosistas que habían encontrado refugio en la administración del Vencedor de Ingavi, su orientación no podía ser independiente… tenía una clara tendencia pro ballivianista.

  1. La Época y los folletines

La Época de La Paz fue el primer periódico boliviano que publicó novelas por entregas diarias como folletín; así adoptó una de las más importantes características de la prensa popular francesa de la primera mitad del siglo XIX, que consistía, precisamente, en la publicación de novelas y otras obras por entregas diarias.[27]

En 1846, esto es, aproximadamente a los seis años del auge del folletín en Francia, y a los dos años de que éste conquistó Alemania y otras naciones del Viejo Mundo, La Época inició la publicación del folletín.  En efecto, ese año de 1846 se editaron en el referido periódico "Ascanio y Pascual Bruno de Alejandro Dumas [1802-1870], la última traducida por Eugenio de Ochoa; El Palacio de Lambert, de Eugenio Sué [1804-1857]; La Venganza de los Muertos y Rosa y Jertrudiz (sic), ambas traducidas por el escritor boliviano Mariano Ramallo".[28]

Al año siguiente, es decir, en 1847, según datos proporcionados por Carlos Gregorio Taborga, aparece en La Época, Soledad, de Bartolomé Mitre, quien, a la sazón se encontraba como director de ese órgano periodístico.[29]

Ya en el período de Belzu, La Época publicó, entre otras, las siguientes novelas y piezas cortas como folletín: Los Siete Pecados Capitales, de Eugenio Sué, cuya primera entrega está fechada el 14 de diciembre de 1852; Mis Pontones, Recuerdos de un Cautivo de Nueve Años en Inglaterra, de Luis Garneray (1783-1857), desde el 17 de junio de 1853; El Ultimo Irlandés, novela escrita en francés por Elias Berthet ( ? -1815) y traducida al español por don N.A., a partir del 1 de octubre de 1853; La Boca del Infierno, novela escrita en francés por Alejandro Dumas, traducida al español por D.N.A., cuya primera entrega corresponde al 7 de marzo de 1854; La Sota de Espadas, de Alexander Pouchkine (1799-1837), que se inició el 20 de octubre de 1854; El Becerro de Oro, novela inédita de M. Federico Soulié (1800-1847), registrada desde el 10 de enero de 1855.

Otras publicaciones periódicas bolivianas del período de Belzu se hicieron eco del folletín: El Celaje de Potosí incluyó en 1851 piezas cortas, como la titulada Una Sola Falta, que es una "anécdota histórica", cuya publicación se inició el 27 de octubre de ese año de 1851; El Orden de Cochabamba registró en 1854, Memoria sobre el Cultivo del Maiz en Mejico, escrita por Sr. D. Luis de la Rosa, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Washington, desde el 11 de enero de 1854 (No. 34).

Conviene hacer notar, asimismo, que las obras que La Época publicaba en folletines, como parte del periódico, eran también editadas separadamente, como libros, que formaban parte de la "Colección de folletines publicados en La Época".  Conocemos, de esta colección, El Palacio de Lambert, Cuento Fantástico, de Eugenio Sué, editado en la imprenta de este órgano periodístico, hacia 1846. Los editores hacían la siguiente advertencia en la página 2 del referido libro: "ESTA COLECCIÓN DE FOLLETINES, se publicará también por entregas de 48 pájinas al precio de 2 1/2 reales cada una con su carátula en papel de colores./ Al recibo de la primera entrega se pagará el valor de 2, quedando la una en adelanto hasta la conclusion del folletin si fuere de uno o mas tomos./ Se admiten suscripciones en esta imprenta y en las demas ajencias de La Época, dentro y fuera de la República".

La Época publicó como folletín Del Derecho de Propiedad de Adolph Thiers (1797-1877) —entre septiembre y el 26 de noviembre de 1852—, y, a partir del 27 de noviembre de ese año, Derecho al Trabajo. Contestación a M. Thiers, por Louis Blanc, hasta las primeras semanas de 1853.

Es interesante la publicación de este trabajo de Louis Blanc (1811-1882) que tiene tinte socialista. Este periodista “político e historiador socialista francés y masón”,[30] con certeza era leído en Bolivia a mediados del siglo XIX.                                                                                

Cabe destacar que “las ideas que expresó en su libro La organización del trabajo (1839) permiten considerarle entre los precursores socialistas que Marx llamó ‘utópicos’, como Henri de Saint-Simon [1760-1825], Charles Fourier [1772-1837] o Robert Owen [1771-1858]. Louis Blanc se inclinaba por la intervención del Estado para corregir las desigualdades sociales; y como medida concreta proponía crear unas cooperativas obreras que organizaran democráticamente cada rama de la producción, repartiendo igualitariamente sus beneficios y suministrando pensiones de vejez y enfermedad. Blanc contribuyó a la caída de Luis Felipe de Orléans [1773-1850, que fue el último rey francés, que reinó el título de ‘Rey de los Franceses’ entre 1830 y 1848[31]] con las críticas vertidas en su obra Historia de diez años (1831)”.[32]

Pero continuemos con algunos detalles más de la vida de Blanc: “La Revolución parisina que, en febrero de 1848, instauró la Segunda República le llevó a formar parte del gobierno provisional como ministro de Trabajo; desde ese cargo impulsó la creación de unos Talleres Nacionales lejanamente inspirados en sus propuestas teóricas, que servirían para mitigar el paro ante la situación de crisis económica, y que, a largo plazo, se esperaba que transformaran las relaciones de producción, acabando con la explotación. Tras la victoria electoral conservadora, el Partido del Orden liquidó los Talleres Nacionales y reprimió las consiguientes protestas obreras (junio de 1848). Blanc se exilió en Londres, de donde no regresó hasta 1870, para ser diputado de la extrema izquierda bajo la Tercera República.[33]

Además, es importante tener presente que La Época registraba, también, en sus columnas, información que permitía conocer los acontecimientos que tenían lugar en Europa relacionados, por ejemplo, con las revoluciones que se iniciaron en 1848 y se diseminaron por varios países de ese continente. La instalación de la Segunda República en Francia, era, en ese contexto, tema relevante.

  1. El Socialismo en La Época

Cabe tener en cuenta que el pensamiento político de Manuel Isidoro Belzu evolucionó desde un socialismo bajo el influjo de Louis Blanc, P. J. Proudhom (1809-1865) y otros, hasta un republicanismo democrático puro, como lo demuestra inequívocamente el hecho de que por vez primera en la agitada historia nacional hubo una “transmisión legal” de la presidencia, aunque infelizmente el gobierno que le sucedió sólo logró permanecer dos años, ya que pronto fue doblegado por un consabido cuartelazo, esta vez, comandado por un civil “moralizador”, que curiosamente, corrompió al ejército y a las instituciones nacionales durante los diez años que de manera enfermiza conspiró, sin éxito, contra el gobierno de Manuel Isidoro Belzu, primero, y de su sucesor, después, hasta conseguir su propósito.

Quizá esta inicial inspiración socialista del pensamiento belcista haya influido de algún modo para que La Época diera cabida en sus columnas a numerosos trabajos cuyo tema central era, precisamente, el socialismo, visto desde distintos ángulos (en favor y en contra).

En las muestras que analizamos —entre 1986 y 1988— encontramos los siguientes trabajos cuyo tema es el socialismo: "Estados Unidos. Administracion del Jeneral [Zachary] Taylor [1849-1850]. Su prospecto. Socialismo Americano", La Época, La Paz, 22 y 25 de enero de 1850 (Nos. 572 y 574).  "La Democracia y la Demagogia", La Época, La Paz, 16 de marzo de 1850, No. 610 y ss. "El Socialismo" por Eugene Pelletan (1813-1884), La Época, La Paz, 6 y 10 de diciembre de 1850 (Nos. 811 y 813).  "Fraternidad-Socialismo", por R., La Época, La Paz, 25 de febrero de 1851 (No. 874).

Como vimos en previo acápite, la publicación del breve trabajo de Louis Blanc El socialismo. Derecho al trabajo. Contestación a M. Thiers, sumada a las mencionadas en el párrafo precedente, es una constatación más que evidente de la presencia del socialismo en La Época entre 1848 y 1855.

En el texto reproducido por La Época, Blanc, entre otras cosas, afirma lo siguiente:

“…fuerza es que se sepa: el socialismo no data de la revolución de febrero [de 1848]. La revolución ha dado al socialismo una escena brillante, pero no ha sido su cuna. Hace mucho tiempo que se realizaba en el pueblo un trabajo subterráneo que no se revelaba en la tribuna parlamentaria y se manifestaba muy imperfectamente, ya en los periódicos, ya en los libros. Mientras que grandes hombres vulgares ajitaban su ambicion en la urna de la votacion, y llenaban el mundo con un vano tumulto, pobres obreros á quienes se creía absorbidos, por el cuidado de su trabajo diario, se elevaban desde el fondo del taller á preocupación de un alcance y vivian en las rejiones de á los pensamientos. Al mismo tiempo que sufrían estudiaban su miseria. En esta sociedad corrompida y enferma componian en su esperanza un porvenir risueño. Interrogaban la ley de las transformaciones sociales del pasado, para saber si la civilizacion no tenia todavía un paso que dar y recordando que los hombres del pueblo habían cesado de ser esclavos […ilegible...] de ser siervos, se preguntaban movidos de una esperanza jenerosa si los hombres del pueblo no cesarian algún dia de ser proletarios, no siendo el proletario otra cosa que la ultima forma de esclavitud. […] El pueblo comprendió: que la libertad no es solamente el derecho sino también el poder concedido al hombre de desarrollar sus facultades bajo el imperio de la justicia y de la salvaguardia de la ley; que siendo la diversidad de funciones y de aptitudes una condición de vida para la sociedad, la igualdad consiste en la facilidad dada a todos para desarrollar igualmente sus facultades desiguales. Que la fraternidad en fin no es otra cosa que la espresion poética de ese estado de solidaridad que debe hacer de toda sociedad una gran familia.

No más individuslismo y ese dejad pasar porque el individualismo es el  xxxx del pobre, de débil, del ignorante, y para miles de miles de criaturas humanas, el dejad pasar, equivale a dejad morir./ No más concurrencia anárquica porque la anarquía no es otra cosa que el despotismo desarreglado, y la lucha entre el fuerte y el débil es la opresión.[34]

Como se aprecia en el párrafo transcrito de Blanc, referido al origen del socialismo que va mucho más allá de la revolución de Francia de 1848, hace hincapié en los males y miserias de la sociedad que facilitaron en gran medida el surgimiento de corrientes ideológicas adscritas al socialismo.

Antes de continuar, cabe manifestar que cuando usamos el vocablo socialismo, al analizar la figura de Belzu, en general, y de manera particular, el texto perteneciente a Louis Blanc, lo empleamos en su significación más amplia, esto es: como doctrina y sistema que preconizan y establecen la vigencia e imposición de los derechos de la sociedad humana sobre los del individuo a través de un orden económico, social, jurídico y político esencialmente antiindividualista y planificado que tiende a la abolición de la propiedad privada de la riqueza, en virtud de una revolu­ción social y política. Además, observamos al socialismo desde una triple perspectiva: histórica, doctrinaria y política.

Ahora, retomemos el hilo de la narración. Naturalmente que las antes mencionadas publicaciones referidas al socialismo, no son, con toda seguridad, las únicas que vieron la luz en columnas del primer cotidiano boliviano bajo la administración gubernativa del Mahoma Boliviano. Son, apenas, las identificadas en la muestra que tomamos al elaborar el referido trabajo de investigación. Empero, permiten asegurar que el socialismo estuvo presente en La Época, no como parte de un proceso sistemático de difusión de la doctrina, sino más bien, como una corriente de pensamiento puesta en el tapete de la discusión —por vez primera—, junto a otras.

El solo hecho de la publicación de artículos y/o folletines relacionados al socialismo es de por sí un hito fundamental en la historia de la prensa boliviana.

El republicanismo también ocupaba espacio en las páginas de La Época, seguramente, al igual que el socialismo, como reflejo del pensamiento e influjo belcista.

Entre las publicaciones de La Época que postulan el Republicanismo, encontramos trabajos como "Historia de la Revolución de Italia de 1848", de José Ricciardi (siglos XVIII-XIX), que apareció como folletín de este órgano de prensa,[35] "Francia: Aniversario de la Revolución de Febrero";[36] "De los Principios de la Revolución Francesa y del Gobierno Representativo", de Víctor Cousin (1792-1867).[37] "República. Discurso pronunciado por Mr. [Alphonse] de Lamartine (1790-1869) en el Consejo Jeneral de Saone y Loire.[38]

También llama la atención que se consignen trabajos pertenecientes a Víctor Cousin, puesto que fue adalid de una otra corriente de pensamiento que influyó ostensiblemente en Bolivia en el período comprendido entre 1848 y 1855: la ecléctica que contó con varios seguidores en el país,[39] y cuyo influjo se hizo notorio, también, cuando José Ballivián detentaba el poder (1841-1847).

Conviene mencionar que La Época daba cabida a creaciones de autores nacionales, unas veces en el propio folletín, y otras, en la sección Variedades.  Entre las que figuran en la última cabe hacer notar, sólo a título de ejemplo, que este periódico registró, entre muchas otras, la poesía "La Ciega", perteneciente a María Josefa Mujía (1812-1888).[40]

La Época fue, pues, un periódico de calidad que, pese a estar ligado estrechamente a los sucesivos gobiernos de Ballivián, Velasco, Belzu, Córdova y Melgarejo, marcó un hito en la historia del periodismo boliviano, fundamentalmente por ser el primer cotidiano en el país, por la calidad de sus conductores y periodistas, por abrir sus columnas a la difusión de doctrinas políticas, como el socialismo, principalmente, sin que por ello se diga que el diario tuvo esa orientación, sino que posiblemente, a instancias de Manuel Isidoro Belzu, se incorporaban trabajos de esa naturaleza y otros relativos al republicanismo y diferentes doctrinas políticas en boga por entonces principalmente en Europa.

FUENTES CONSULTADAS

Libros y folletos

Abecia, Valentín. Adiciones a la bibliografía boliviana de Gabriel René Moreno. Con un apéndice del Editor. Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona.  Santiago de Chile, 1899,  440 P.

Acosta, Nicolás. Apuntes para la bibliografía periodística de la ciudad de La Paz. Imprenta de la Unión Americana de César Sevilla, La Paz, 1876, 56 P.

Blanc, Louis. El socialismo. Derecho al trabajo. Contestación a M. Thiers. Folletín de La Época, 1852, 1853 (inició su publicación el 27 de noviembre de 1852).

Francovich, Guillermo. La filosofía en Bolivia. Librería y Editorial "Juventud". La Paz, 1966, 248 P.

Lora, Guillermo. Historia del movimiento obrero boliviano 1848-1900.  Tomo I.  Editorial "Los Amigos del Libro".  La Paz-Cochabamba, 1967,  456 P.

Loza, León M. Bosquejo histórico del periodismo boliviano.  Segunda edición, Imprenta y Litografía El Siglo, La Paz, Bolivia, 1926.

Moreno, Gabriel René. Ensayo de una bibliografía general de los periódicos de Bolivia (1825-1905).  Sociedad, Imprenta y Litografía Universo, Santiago de Chile. 344 P.

Paredes, Rigoberto. Datos para la historia del arte tipográfico en La Paz, Litografía Americana, La Paz, 1898.

Weil, George. El periódico. Orígenes, evolución y función de la prensa periódica.  Traducción al español por Virgilio Belendez.  Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana (UTEHA), México, 1962,  325 P.

Tesis

Brun Torrico, Percy Boris. Contribución del discurso político de la prensa de la ciudad de la paz a la construcción del imaginario nacional de Bolivia (1829-1899). Tesis en el marco del programa de doctorado en Historia, Universidad Andina Simón Bolívar, La Paz, 2011. P. 179.

Duchén Condarco, Ramiro. La Época como reflejo del gobierno de Belzu (1848-1855). Aproximación e interpretación. Tesis de Licenciatura, Universidad Católica Boliviana, La Paz, 1988.

Artículos de prensa y revistas

Salamanca Lafuente, Rodolfo. "Periodismo". Presencia, Edición de homenaje al sesquicentenario de Bolivia (LP.6.Ago.1975): 555-567.

Taborga, Carlos Gregorio. "Soledad, la primera novela escrita en Bolivia".  En Kollasuyo, No. 77 (LP.Jul-Sep.1971): 5-32.

Colecciones de periódicos

La Época, La Paz, 1848-1855. BUMSA, BHAMLP y CA (1849)

Webgrafía

https://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Blanc, visitado el 11 de abril de 2020.

https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Felipe_I_de_Francia, visitado el 13 de abril de 2020.

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/blanc.htm. Visitada el 11 de abril de 2020.

 

[1]. Abecia, Valentín. Adiciones a la bibliografía boliviana de Gabriel René Moreno. Con un apéndice del Editor. Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona.  Santiago de Chile, 1899, P. 289.                                                              

[2]. Cf. las colecciones de La Época en las hemerotecas de la UMSA, de la HAM de La Paz y del ANB y BNB de Sucre.

[3] Moreno, G.R. Apéndice a Abecia, Valentín. Adiciones… de. p. 289.

[4] Paredes, Rigoberto. Datos para la historia del arte tipográfico en La Paz. Litografía Americana, La Paz, 1898. P. 17, 18.

[5] Muñoz Cabrera, J. R., citado por GRM en Abecia, Velentín. Adiciones… P. 297, 298.

[6] Muñoz Cabrera, J. R.  citado por GRM en Abecia, Valentín. Adiciones… P. 298

[7]. Lora, Guilllermo  Historia del movimiento obrero boliviano 1848-1900.  Tomo I.  Editorial "Los Amigos del Libro".  La Paz-Cochabamba, 1967, P. 90.

[8].Loza, León M. Bosquejo histórico del periodismo boliviano.  Segunda edición, Imprenta y Litografía El Siglo, La Paz, Bolivia, 1926. P. 28.

[9] Díaz Machicao, Porfirio. “EI periodista Bartolomé Mitre en Bolivia”. Presencia, Presencia Literaria (LP.22.Jul.1984): 1. Díaz Machicao informa que el texto de la renuncia de Ramallo y el traspaso de funciones directrices a Mitre se consigna en La Época del 29 de Julio correspondiente al número 658" (Loza, León M. Bosquejo… P. 28).

[10]. Acosta, Nicolás. Apuntes para la bibliografía periodística de la ciudad de La Paz. Imprenta de la Unión Americana de César Sevilla, La Paz, 1876,  P. 11.

[11]. Acosta, Nicolás. Apuntes… P. 11.

[12].Acosta, Nicolás. Apuntes…  P. 14.

[13]. Acosta, Nicolás. Apuntes… P. 16.

[14]. Acosta, Nicolás. Apuntes…. P. 13.

[15] Brun Torrico, Percy Boris. Contribución del discurso político de la prensa de la ciudad de la paz a la construcción del imaginario nacional de Bolivia (1829-1899). Tesis en el marco del programa de doctorado en Historia, Universidad Andina Simón Bolívar, La Paz, 2011. P. 179.

[16].V. de Abecia, Valentín.  Adiciones... P. 289.

[17]. Abecia, Valentín.  Adiciones... P. 289.

[18].Taborga, Carlos Gregorio. "Soledad, la primera novela escrita en Bolivia".  En Kollasuyo, No. 77. La Paz. P. 16,17.

[19].Salamanca Lafuente, Rodolfo. "Periodismo". Presencia, Edición de homenaje al sesquicentenario de Bolivia (LP.6.Ago.1975): 557.

[20].R. Salamanca Lafuente. “Periodismo…” P. 557.

[21] Cf. de Moreno, Gabriel René. Ensayo de una bibliografía general de periódicos de Bolivia. 1825-1905.

[22] N. Acosta. Apuntes… Cit. P. 4.

[23] Cf. Paredes, Rigoberto. Datos… P.21, 22 (nota al pie de página que registra la transcripción de El Grito de la Libertad, Nº 3 (LP.25.Dic.1847).

[24] Paredes, Rigoberto. Datos…. P. 16.

[25] Paredes, Rigoberto. Datos…. P. 17.

[26] Paredes, Rigoberto. Datos… P. 17.

[27] V. de Weill, George, El Periódico, Orígenes, evolución y función de la prensa periódica.  Traducción al español por Virgilio Belendez.  Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana (UTEHA), México, 1962,  Pp. 144-146.

[28] Taborga, Carlos Gregorio. "Soledad…”  P. 17.

[29] V. de Taborga, Carlos Gregorio. “Soledad…”.  Pp. 20-21

[30] https://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Blanc, visitado el 11 de abril de 2020.

[34] Blanc, Louis. El socialismo. Derecho al trabajo. Contestación a M. Thiers. Folletín de La Época, 1852, 1853.

[35] Desde el Nº 400 (LP.5 .Jun.1849).

[36] La Época, Nº 418, (LP.28.Jun.1849).

[37] La Época, (LP.9.Sep.1851).

[38] La Época, Nº 1131 (LP.26.Ene.1852).

[39]. V. de Francovich, Guillermo.  La Filosofía… Pp. 145-151.

[40] La Época, Nº 1115 (LP.5.Ene.1852).