Abril 18, 2021

Diez años después

El chocolate de Baure es apreciado ahora en Europa y EEUU por un emprendimiento holandés que recolecta cacao silvestre diseminado en  la amazonía por monos y tejones.


Lunes 1 de Marzo de 2021, 4:00pm






El 21 de diciembre del 2010, escribí: Una de las maneras más fáciles de ser feliz es hacer derretir lentamente un pedacito de chocolate amargo entre  el paladar y  juguetear con la punta de la lengua  y apretarlo, chupándolo. Tal vez este intenso placer se le debe al mito de que es afrodisiaco.

Fue en el puerto de Guayaquil, donde  sentí la embriaguez del cacao que estaba secando para la molienda, bajé hipnotizado para sentir de cerca sus aromas y una iguana azulenca se cruzó; fue una iluminación que no me abandona, al igual que mi adicción al chocolate.

Hace una semanas, expertos medioambientalistas y estudiosos de este fruto anunciaron que  tenemos ¡20 años! para disfrutarlo y que luego, probar un chocolate será otra vez un lujo, cosa de reyes como en sus orígenes.

Hace 1.750 A.C probablemente ya se consumía este alimento-placer, la prueba es una vasija que se encontró en Honduras con restos de teobromina,(teo dios bromina , alimento), componente básico que repone las  inversiones de péptidos que los enamorados pierden y los vuelve cojudos. Según otros estudiosos, suponen que el cacao se disemino por el trópico de Sudamérica  hasta el suroeste de México, o a la inversa. Su nombre, del que también hay muchas versiones, viene del náhuatl, xocolatl.

De la manipulación de sus semillas nace  una materia sólida o la pasta y una materia grasa o la manteca de cacao,  de estas  emergen las combinaciones traducidas en múltiples sabores y texturas.

El primer europeo que probó esta bebida pudo haber sido Colón, porque a su vuelta a España llevó muestras a los Reyes Católicos;  cuando los religiosos lograron incorporar el azúcar, la bebida se introdujo exitosamente en la alta sociedad (…)

En el siglo XVII, el chocolate era considerado  medicamento y alimento y su expansión fue imparable. Carletti lo introdujo en Italia en 1606, en 1615 (…) llega a Francia en 1615 y en   Alemania recala  el año 1657, donde se expendía en farmacias y droguerías; actualmente el principal mercado del cacao orgánico boliviano.

En el siglo XVIII, el chocolate había conquistado a los conquistadores de toda Europa y los tenía cautivos. Los suizos le domesticaron hasta el éxtasis, inventando el conchado, es decir  pasar  entre dos rodillos de porcelana, la fina pasta, durante varias horas, logrando la suavidad  embriagadora.

Millones de personas consumen el chocolate de cacao y  mantecas  pobres llamadas cocoa, producidas del reciclamiento de las cáscaras y hollejos  que también sirven como compost para jardinería. No se desecha nada de este árbol maravilloso.

Bolivia es un país privilegiado porque tiene espacios para su cultivo en el norte de La Paz, Pando, Beni, Cochabamba, Santa Cruz. El chocolate de Baure es apreciado ahora en Europa y EEUU por un emprendimiento holandés que recolecta cacao silvestre diseminado en  la amazonía por monos y tejones.

 Este  producto  requiere mayor atención por el gobierno porque (lo dijimos hace diez años) puede ser una alternativa al cultivo de la hoja de coca. La falta de visión prospectiva que tienen los políticos sobre nuestros recursos alternativos es alarmante, durante una década  no  mejoraron las condiciones de explotación del producto  y  constatamos que los problemas de exportación con valor  agregado del cacao boliviano- uno de los mejores del mundo -  enfrenta problemas de logística y certificaciones que encarecen su mercadeo y su competencia. Recién descubrimos  la  marca “ruah”, fundada y producida por mujeres emprendedoras de la amazonia”, en este  tiempo aparecieron otras marcas, todas  de buena calidad.

 En Zongo se produce un cacao híbrido, fuerte y sabroso,  y es poco aprovechado porque se requiere de mayor tecnología y, sobre todo,  resolver problemas contingentes que están en manos de la gobernación y del ministerio del rubro.  El porcentaje de exportación del producto boliviano es menor al 5%, (La Razón,  21-2-21) por eso no figuramos en las estadísticas  sobre la producción mundial  del cacao y, sin embargo, en  estos últimos  años nuevos emprendimientos han enriquecido la variedad de nuestros chocolates. Escribo esto mientras diluyo  una tableta de cacao 75 % puro y tajaditas de locoto verde sin pepas, un manjar que saboreamos  los adictos. ¿Seguiremos durmiendo otros diez años para  posicionar en el mundo nuestro maravilloso cacao y generar divisas?

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