Diciembre 07, 2021

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El síndrome del brigadismo internacionalista

Miremos entonces con curiosidad y cierta conmiseración, pero también con suspicacia, a estos mini brigadistas que piensan estar cumpliendo en la Bolivia de hoy sus más caros anhelos revolucionarios


Jueves 18 de Noviembre de 2021, 12:30pm






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Recientemente, en la emisión “En otro formato” del periodista Nicolás Sanabria Garrón se mostró a un provocador que en una de las marchas ciudadanas por la abrogación de la ley 1386 buscaba pleito. El video titula: “agente extranjero afín al MAS ataca a marchistas”.

Evidentemente, sorprende a quien fisgonea las reyertas políticas que en las calles de nuestras ciudades enfrenta a masistas y antimasistas, constatar que en el bando de los primeros hay una nada despreciable cantidad de extranjeros, en especial argentinos.

El atractivo de luchas ajenas para el militante no es nuevo. Es paradigmático el caso de las Brigadas Internacionales que combatieron en la Guerra civil española (1936-1939). A más de 35.000 extranjeros sedujo ir a luchar a país ajeno. El valor militar propiamente dicho de ese aporte está actualmente en entredicho, pues la mayoría no eran soldados, sino trabajadores militantes de partidos de izquierda. En general no estaban equipados ni tenían experiencia militar. Finalmente, fue la misma República que despidió a esos voluntarios.

Ciertamente, a la gran mayoría de esos brigadistas les movía un deseo sincero de luchar por sus ideales. Pero había también vagabundos, simples aventureros atraídos por la sola emoción y también desocupados seducidos por el estipendio diario que recibían (diez pesetas diarias, mientras un obrero español ganaba entonces solo entre tres y cuatro).

Militarmente, el aporte de los brigadistas no fue muy significativo. Políticamente, agudizó las contradicciones en España, incluso al interior del bando republicano, favoreciendo la intromisión fascista de Alemania e Italia. Eso sí, tuvo impacto sentimental. ¿La lucha social en determinada nación puede servir fundamentalmente a satisfacer las necesidades emotivas y materiales de quienes, en la lejanía, idealizan una lucha que en realidad no les pertenece?

Actualmente sucede el fenómeno, incomprensible para la mayoría de los bolivianos, del convencimiento entre muchos extranjeros de que en nuestra tierra se estuviese librando una batalla apocalíptica de las fuerzas del bien progresista contra los demonios reaccionarios. Y que para que triunfe el bien, es necesaria la voluntariosa participación de esos bien intencionados observadores.

De ahí que la popularidad de Evo Morales sea más grande en el extranjero que en la misma Bolivia. Indudablemente, a ello ayuda su actitud achicada −presta a despertar protectores sentimiento de piedad− cuando viaja al extranjero y agradece la intervención de ajenos que, según él, le salvaron la vida luego de abandonar sus funciones el 2019.

En ese juego de roles, la figura del indefenso indito no puede sino despertar sentimientos paternalistas, lo cual es ampliamente utilizado para fines de propaganda interna por presidentes que quieren estabilizar y ganar prestigio con esas poses… los de Argentina y México, por ejemplo. Pero no solamente ganar prestigio, sino distraer a sus partidarios: Indudablemente, si se alienta en la masa el mito de una revolución y esta no se produce al interior de sus fronteras, es fácil engatusar a los más crédulos (o aventureros) que el acontecimiento se está produciendo en el país vecino.

¿Cuál fue el destino de los brigadistas después de su salida forzosa de España? La inmensa mayoría regreso a la inopia de su militantismo local. Unos pocos descollaron. Fue el caso del brigadista germano fue Friedrich Dickel, quien llegó a ser ministro del Interior en la República Democrática alemana desde de 1963 hasta la caída del muro de Berlín. Fue responsabilizado por la represión en ese país y particularmente el asesinato de 192 alemanes orientales que intentaron cruzarlo al oeste. Otro que se destacó fue András Tömpe, fundador del departamento de la policía política húngara cuando llegó a ser República Popular.

Otros terminaron abjurando y denunciando el sistema por el que combatieron, como el escritor británico George Orwell quien en su obra Rebelión en la granja denuncia mordazmente al régimen soviético de José Stalin. Otros, simplemente terminaron ganando holgadamente su vida en los parámetros del sistema que antes abjuraban. Es el caso paradigmático de Heminway, quien como periodista fue, durante la guerra civil española uno de los publicitas más acendrados del mito brigadista.

Miremos entonces con curiosidad y cierta conmiseración, pero también con suspicacia, a estos mini brigadistas que piensan estar cumpliendo en la Bolivia de hoy sus más caros anhelos revolucionarios. Pero sobre todo seamos cautos en no caer en la vorágine de su fantasía y en saber resolver nosotros mismo nuestros propios problemas.

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