Agosto 06, 2020

La guerra contra la otra pandemia, las noticias falsas

Konrad Adenauer aseveraba que la historia es una suma de cosas que se podían haber evitado.


Viernes 10 de Abril de 2020, 9:15pm




El martes pasado, de la presente semana, la principal telefónica de Chile, detectó que a las 16.00 hrs se conectaron 30 mil reuniones en línea y que a esos encuentros laborales virtuales, se colgaron más de 60 mil personas, de manera simultánea. Fue un récord histórico en el fenómeno del teletrabajo, a causa del COVID-19.

Esta es una clara muestra del cambio drástico que la sociedad global sufrirá en sus hábitos y formas de relacionarse, una vez que finalice esta grave crisis sanitaria, pero, especialmente, en la forma de consumir información, en tiempos de desinformación y estigmatización.

Según al estudio del MIT de Massachussets, publicado en la revista Ciencia bajo el título “la difusión de las noticias verdaderas y falsas”, sostiene que las noticias falsas se difunden en las redes sociales a una velocidad de seis veces por encima de las verdaderas.

Además, los expertos aseveran que la probabilidad de que se reenvíe una información falsa es un 70% más alta que la redifusión de una verdadera. Esto es así porque las noticias falsas provocan en la gente un morbo y un enfado irracional; dos elementos que actúan como aceleradores para la redifusión.

Y lo más preocupante es que las noticias falsas pueden llegar a tener una audiencia entre diez y cien veces superior a las verdaderas, de tal manera que, por más pequeña e insignificante que sea el bulo, puede acabar magnificada a través de las redes sociales y hacer muchísimo daño.

Y es acá donde debemos poner límites o diseñar regulaciones que protejan a los consumidores frente a las falsas noticias y apoyen a las marcas que se ven afectadas por estas imprecaciones viles y que ya son consideradas por la propia OMS como infodemias.

Estamos inmersos en una crisis sanitaria severa, donde las vidas de nuestras familias están en riesgo y donde las fuentes laborales de cientos de miles de trabajadores penden de delgados hilos, para que, además, como ciudadanos debamos ser víctimas de estas barruntadas falsas.

Konrad Adenauer aseveraba que la historia es una suma de cosas que se podían haber evitado. En medio de esta batalla global contra el virus, debemos poner un freno a las falsas noticias por el pernicioso socavamiento del mercado, por ser provocadores de incertidumbre, de especulación y por ahondar mucho más los costos en los que deben incurrir las empresas públicas y privadas, para frenar estas zapatiestas perversas.

Es preciso recordar, acaso, a los sin sentido y maleantes digitales que, por cada mes de confinamiento se prevé una caída entre el 2% y el 3% del PIB de una economía. Esto sencillamente quiere decir, menos economía, menos empleos, menos inversión, menos productividad, menos crecimiento. Y más encima, los ciudadanos y las empresas debemos soportar el cochambre de las falsas noticias.

Ahora, es cuando exigimos a nuestras autoridades que fiscalicen, vigilen y sancionen a quienes realizan terrorismo digital. Debemos cuidar nuestra economía. A quienes invierten, generan cadenas productivas, empleos dignos. Ahora debemos ser in extremi firmes contra este latrocinio digital.

A diferencia de la gran recesión de 2008, esta crisis no se trata de un complejo concepto de hipotecas tóxicas despedazadas y vendidas en complejos productos financieros. Esta crisis sanitaria obliga, por la salud de cada uno de nosotros, el cierre de tiendas de barrio, del centro comercial del vecindario o de la zona, del aeropuerto y terminal de buses de la ciudad. La crisis de 2008 afectaba a los bancos y estaba más lejos de los consumidores. Ahora golpea a ciudadanos y empresas.

Es por ello que el papel de los medios de comunicación y de las autoridades es fundamental, para informar correcta y adecuadamente a la población, y combatir de frente la desinformación.

La infodemia significa la sobreabundancia de información, que puede ser falsa o verdadera , el problema radica en que las personas deben familiarizarse cada vez más y aprender a reconocer noticias falsas.

Ya se está demandando a Facebook, Twitter e Instagram para que endurezcan el algoritmo, de acuerdo con las medidas recomendadas por la OMS, en contra de la desinformación. Este virus obstruye las venas de la globalización, pero también las arterias de la sociedad, de nuestra comunidad, ocasionando caos, miedo, daño, incertidumbre, a manos de una politiquería radical de supremo espantajo.

En un informe de Oxford economics, publicado por Dinero de El Deber, claramente se establece que esta pandemia podría quebrar la economía latinoamericana por su fragilidad de sus mercados. Entonces, no son tiempos, nunca lo fueron, en realidad, para que ahora, burdos vicetiples publiquen sus galimatías en las redes, generando caos y daño económico. Es hora de hacerle la guerra a las noticias falsas desde el Gobierno con una legislación dura y hacer un llamado a la población de que no caiga en estas tropelías. Cuide a su familia, pero también cuide las empresas que trabajan a diario para llevarle el alimento a sus hogares. 

 

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