Febrero 26, 2021

La intimidad del Negro: Iván Arias cuenta el camino que lo llevó a la política

Iván Arias Durán revela que fue lustrabotas, cuánto le cambió la vida el colegio. ¿Por qué fue al cuartel? Y cómo se hizo político.  


Martes 23 de Febrero de 2021, 12:30pm






23 de febrero (Eva Yapura Velasquez, Revista Oxígeno).- Periodista, sociólogo y analista político. Hernán Iván Arias Durán es candidato a la alcaldía de La Paz por la alianza Somos Pueblo. Fue Ministro de Obras Públicas en la gestión de Jeanine Áñez. Fue uno de los artífices de la municipalización del país, cuando participó en el equipo de la Participación Popular y en el último tiempo. Ahora busca dirigir la ciudad sede de gobierno.

Arias nació en La Paz el 8 de agosto de 1958. Es hijo de Julia Durán Severiche. Su familia es de Vallegrande (municipio de Santa Cruz). Su madre migró a La Paz en busca de nuevas oportunidades. Y las consiguió. Llegó a niveles de dirección en el “Maternológico 18 de mayo”. Hasta sus diez años, el pequeño Iván fue formado por su madre lo en valores, lo mentalizó con principios que hasta hoy son guías.

Los principios de la señora Julia

“Hijo mío, mira las estrellas porque es ahí donde vas a llegar, pero nunca dejes de poner los pies sobre la tierra porque caminando llegarás”. Fue uno de los dichos que le decía doña Julia a su hijo Iván. El sociólogo, periodista y analista político trabajó en su infancia, fue lustrabotas y hasta vendedor de lotería. Su madre le decía: “Hijo, para los que venimos de abajo, lo único que se nos recomienda es el trabajo”. En la década de los 60, el niño trabajaba para su regalo de cada navidad si llagaba a los 100 pesos (ahora Bs 100) su madre le regalaba otros Bs 100. Así conseguía regalos.

Otro dicho que lo tiene grabado. “La pobreza no es para mostrarla sino para superarla”. Aprendió a zurcir, lavar y planchar su ropa. Recuerda que su madre cuidaba mucho la higiene. “Los pobres nos lavamos con jabón, y nos cuidamos el sobaco con limón y bicarbonato”.

El cuento de Zambo Salvito también marcó aquella época para el candidato a la Alcaldía de La Paz. “Los ladrones se hacen en casa y te pido por favor que nunca traigas cosas a la casa, nunca te vas a alzar nada”, le decía su madre. Entre los recuerdos de su niñez recuerda dos momentos en que ella cumple su palabra: “Me encontré Bs 5, los alcé y mi madre me dio la paliza de la vida, después me dijo: si ahora te alzas mañana vas a ser dirigente de tu curso o de tu barrio y no vas a tener miedo a alzarte las cosas, los ladrones empiezan en casa”. El otro episodio tiene que ver con un lápiz que levantó en la calle y del que tuvo que deshacerse.

La importancia de la entrega del saldo del dinero era importante para su madre, “Ella me exigía devolverle el cambio, después me lo regalaba, pero me decía: Tú tienes que aprender a rendir cuentas, tienes que rendir cuentas”. Recuerda que gracias al principio del ahorro pudo lograr un patrimonio.

La decisión que marcó sus 11 años de edad

Antes de iniciar la secundaria, doña Julia le contó una verdad: “Hijo, tienes que saber la verdad, tu padre te abandonó al año de nacido”. Ella le dio tres opciones a escoger pues el apellido que llevaría en adelante iría en su diploma de bachiller: Padilla Durán, Durán Durán o Arias Durán, el pequeño solo había conocido a un padre, Manuel Arias Becerra, quien le brindó amor y cariño. Por eso elige el apellido Arias, llamándose: Hernán Iván Arias Durán.

El amado internado Juan XXIII

En la década de los 70 se inauguró el internado Juan XXIII. A su padre, que era profesor de las escuelas Fe y Alegría, le dieron la buena noticia que podía postular a sus hijos con la única condición de que aprueben el examen. Cuando Iván recibió aquella información, estaba trabajando en Vallegrande con su primo Carpiano. Recibió un telegrama con el siguiente mensaje: “Volver rápido, examen de colegio internado”. En La Paz tuvo quince días para prepararse.

Un 20 de diciembre el internado le hace llegar la notificación que fue aceptado, la experiencia triste en este nuevo camino él lo recuerda así: “Mi mamita no pudo acompañarme, porque no le dieron permiso en el trabajo, yo sentía que ella se estaba deshaciendo de mí, tenía 11 años”. Viajó con su padre hasta Cochabamba, donde  la educación que recibió marcaría su vida. “Ingresar a ese internado fue lo mejor que me pasó, todo el conocimiento que tengo, la disciplina sobre el estudio, la investigación y la actitud hacia el trabajo, lo aprendí allí. Estoy muy agradecido”, dijo Arias.

En la institución educativa dirigida por jesuitas descubrió la Teología de la Liberación, las ideas del hombre nuevo impulsada por Che Guevara y el marxismo. Conoció al Cristo humano, que no castiga si no le que redime, al Cristo que se involucra con la gente. Así hoy Arias tiene un su escritorio, una laptop, un cuaderno y una Biblia.

Filemón Escobar, el padre Luis Espinal, el sacerdote Eduardo Pérez, son personajes que forman parte de nuestra historia boliviana. Su obra tuvo un alto impacto social. Arias, los vio de cerca aprendiendo cada día un poco más de ellos, “Yo le dictaba el libro a Filemón Escobar, quien escribió El testimonio de un militante obrero (1984), pero no sabía quién era, nosotros pensábamos que era un académico más”. Filipo Escobar fue su mentor político.

El servicio al país, la meta para el joven de 17 años

La primera meta para ese adolescente de 17 años era salir profesional. Ejerció el periodismo para el desarrollo, estudió Sociología en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y fue autodidacta en temas de legislación pública, económicos y de desarrollo local.

Con las bases de la educación del internado Juan XXIII, ni bien salió bachiller se fue al cuartel con el objetivo de servir al país a la patria. “Los planes para no entrar al cuartel habían fracasado, pero agradezco esta experiencia porque aprendí de la vida militar”.

En la universidad fue dirigente, dice que aplicó los conocimientos que tenía sobre el marxismo en esa época. En el año 1981 cayó preso, fue víctima de las torturas del gobierno de García Meza, fue baleado. Con 22 años corría el riesgo de quedar paralítico por los tiros que había recibido, ese hecho marca la vida de Arias. Cambió de ideología, dejó las ideas subversivas y se comprometió con la democracia.

Cuba y Suecia cambiarían la ideología de Arias

Tenía que recuperar la movilidad y para ello con la ayuda de personas que aprecia mucho se hizo posible un viaje a Suecia, donde  recibió cirugías exitosas. Y en ese país europeo vio paz y progreso. Allí  su ideología marxista se debilitó aun más. Allí se preguntó: ¿Por qué no transitar esta sociedad democrática y sin guerra?

Luego, la visita que hizo a Cuba también le planteó dudas positivas. Acompañado de una radio, escuchaba a  un solo partido. El militaba en el socialismo pero se cuestionó: ¿Será que quiero esto para mi país? Esas reflexiones germinaron finalmente  en un compromiso por la democracia. Él dice que la tomó como una forma de vida, no como un pretexto. 

El inicio del camino político

La década de los 90 fue  una época del indigenismo. En las Américas surgió el discurso de los 500 años. Unos proponían el enfrentamiento, otros el acuerdo hacia adelante. En ese contexto, en las elecciones de 1993, la fórmula de Gonzalo Sánchez de Lozada y Víctor Hugo Cárdenas logra respaldo. Arias llega a ser Secretario Privado del primer Vicepresidente indígena en la historia de Bolivia. En la Vicepresidencia germinaron las ideas de la reforma educativa, la participación popular y una nueva visión para las tierras de los indígenas.

Tiempo después fue Viceministro de Participación Popular. “Conozco todos los municipios del país, trabajé todos los desarrollos económicos rurales”. Así se convirtió en un municipalista. El mismo confiesa que el 2002 padeció una “enfermedad” que tuvo alta factura. Adquirió la “hybris” (un trastorno emocional que afecta a quienes ejercen el poder en cualquiera de sus formas). El admite que se le subieron los humos y que cometió un error. Se postuló a diputado por Acción Democrática Nacionalista (ADN) dirigido entonces por Ronald McLean, “Pagué con silencio mi renovación “.

Ese error le frenó la carrera política y tuvo que enfrentarse a una nueva realidad política. Se dedicó a la consultoría, fue couch en colegios, universidades y asesor de gobiernos municipales. Fue  un tiempo en el que conoció más el área rural, lo que le llevó a sostener su columna de opinión en el diario La Razón. Años después saltó a la televisión donde hizo de analista, en el programa “El Abogado del Diablo”. Y con ese primer paso, vinieron otros. “No sé si lo hice bien o mal, pero me divertí”, alega Arias con una sonrisa.

El 2016 junto a Amalia Pando, Luis Revilla y Juan del Granado formaron una alianza en la movida ciudadana “Bolivia dijo NO” con el pedido de que el gobierno de Evo Morales cumpla el mandato ciudadano, es decir que deje el poder.

Y tras la crisis política y social de 2019, llegó el gobierno de Jeanine Añez, donde llegó a ser ministro de Obras Públicas en pleno apogeo de la pandemia del coronavirus.  “La peste y nos pescó a todos en calzoncillos”, dice el ahora candidato a alcalde de La Paz, quien optó por darle prioridad a la lucha contra el Covid-19 y en busca de mejorar el sistema de salud. Con el apoyo de los médicos Marcelo Navajas y René Sahonero, “hicimos un trabajo delicado, Oruro y La Paz son los departamentos con menos mortalidad y con menos infecciones, en comparación de otros departamentos”. Aun siente satisfacción por los resultados de sus gestiones.

Pronto en las RRSS circulaba la noticia que el ministro tenía COVID -19 y que se necesitaba tres dosis de plasma, y llegaron más de 2.000. La compañera de vida del Negro Arias, su esposa Mercedes, quedó sorprendida con la reacción de la población. Superó el virus y volvió al despacho de Obras Públicas.

El 09 de noviembre, Arias entregó el despacho al nuevo Ministro de Obras Públicas, Edgar Montaño y recordó los principios que su madre le dio. “No sabía que ese hecho generó tanto impacto, aquello que debería ser normal resultó extraordinario”.

Ahora Iván Arias es candidato a la Alcaldía de La Paz  por la alianza Somos Pueblo. el plantea que ya se puede mantener la guerra entre bolivianos y afirma que el mejor camino es el perdonarse  y seguir adelante. La propuesta que tiene para la ciudad de La Paz es sostener el dialogo con todos los actores y sectores de la hoyada.  “Las ciudades grandes se hacen donde todos tienen libertad, los jóvenes deben tener libertad”.

(La nota fue publicada en la edición Nº 108 de la Revista Oxígeno)

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