Febrero 20, 2020

La magia de nuestros ancestros

Quien se precie de ser boliviano y no conoce sus raíces, sus costumbres, sus leyendas y tradiciones, no tiene derecho a defender lo que no ama ni comprende.


Jueves 13 de Febrero de 2020, 10:00am




Hoy esbocé una gran sonrisa cuando leí en algún lugar (que no sé si no recuerdo o no quiero recordar), que solo los orureños tienen el poder para tomar el api en “modo infierno” y no quemarse la lengua, y que los demás, somos simples mortales en esas prácticas (Uauuu, parece una aggression, pero no lo tomaré así).

Lamento disentir (¡cuándo no!), pues les aseguro muchas benianas, pandinas y cruceñas (cambas en fin) que nos terminamos de criar en hermosos valles y agrestes altiplanos, bebemos el api y otras bebidas calientes a 80 y 90 °C, como cualquier orureño u otro boliviano que haya crecido en esas regiones.

Cómo olvidar cuando por vez primera saboreé hasta con mis dedos la mejor k'alapurka (lagua potosina que se sirve con piedras volcánicas que mantienen la temperatura de este plato de la mañana y a prueba del frío), del país y sus alrededores... ¡delicia total! El que aún no la probó se está perdiendo uno de los placeres de los dioses.

Pensándolo bien, creo que los dioses del altiplano eran más sibaritas que los dioses del Olimpo. (Ya les preguntaré.)

Pero, por favor, no imaginen que este artículo ha sido escrito con la finalidad de burlarme de la buena mujer que se quemó sus delicados labios probando un api orureño, ¡no! Lo juro por mí.

Mi desilusión y observación va más allá en todo caso, es para darnos cuenta que muchos bolivianos ignoran el valor de las costumbres y la cultura de nuestros pueblos, y quienes desconocen que la cultura es el verdadero ajayu de nuestros pueblos, están destinados a ser desterrados de su propia tierra.

Una tierra de la cual algunos no conocen en realidad, NADA.

Y no basta con tener un mapa político y geográfico en sus grandes despachos o enormes bibliotecas, se necesita conocer y saborear cada especial grano, hoja, trigo y planta cultivada en estas tierras.

Quien se precie de ser boliviano y no conoce sus raíces, sus costumbres, sus leyendas y tradiciones, no tiene derecho a defender lo que no ama ni comprende.

La diversidad, la multiculturalidad, el misticismo de nuestros pueblos y sus tradiciones, no son meras cábalas o enunciados para enciclopedias e informes de solicitud de ayuda a organizaciones internacionales. Es la magia heredada por nuestros ancestros que se funden en los colores de nuestra tricolor y nuestra whipala.

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