Septiembre 17, 2019

Sinceramente: un sondeo en Buenos Aires

Una pena por Argentina. Al final, mi sondeo refleja un panorama muy triste y sobre todo, desalentador. 


Viernes 24 de Mayo de 2019, 1:30pm




Por motivos de salud debo viajar de manera regular a Buenos Aires. La semana pasada cumplí con uno de esos tantos periplos habituales, pero esta vez, ni bien aterricé e hice mi trámite de migración, noté una clara sensación de desasosiego y angustia en los rostros argentinos. Pregunté al taxista qué es lo que pasaba y me soltó a boca de jarro: es que este país cada vez está peor. Y cuando le pregunté por qué, durante el viaje de casi una hora al hotel, me describió el alza de las facturas de servicios básicos, los duros ajustes económicos de Macri, la alta tasa de desempleo, el congelamiento de los sueldos, la subida intermitente del dólar y la nostalgia de los tiempos del kirchnerismo. Fue ahí cuando le hice un parapeto: ¿Los buenos tiempos del Kirchnerismo? Sí, me dijo, aquellos en los que había bonos, subsidios y la vida era, por ende, más barata.

Fue en ese momento que me planté un desafío: haría un sondeo de opinión con todas aquellas personas con las que debía entablar un diálogo, ya sea pasajero o acordado. Decidí lanzar una sola pregunta y ver a dónde desembocaba la cantaleta. ¿Por quién votará, por Macri o Cristina K? A medida que avanzaba en el trabajo de campo, me di cuenta de una extrema polarización y de la necesidad apremiante de los argentinos, de contar con una tercera opción. ¿Pero quién? Nadie sabe. La mayoría de los consultados no quieren saber ni de Macri ni de Cristina K. Al primero, por no haber sabido ordenar la economía, en un tiempo prudente y, a la segunda por un fastidio visceral hacia ella.

Y acá debo hacer un paréntesis. Me tocó ver en la 45 versión de la Feria del Libro, el lanzamiento editorial de las memorias de Cristina Kirchner, de título: Sinceramente. Fue un mitin político, con sus barras bravas intolerantes, en la que la ex presidente de Argentina, hizo gala de su oratoria y lanzó el desafío de firmar un nuevo contrato social entre los argentinos. No oficializó su candidatura, pero fue obvio que había bajado la bandera a cuadros de su carrera presidencial (por tercera vez) y con un anzuelo muy atractivo en plena crisis económica.

Siguiendo con mi tarea, un tercer factor saltó a la vista. La corrupción. A quienes optan por un supuesto voto hacia Cristina, no parece importarles que ella arrastra en su contra diez procesamientos por presunta corrupción, entre otros delitos, tiene en su contra cinco órdenes de prisión preventiva, que no se ejecutan por sus fueros como legisladora, y, además, por si fuera poco, tiene cinco investigaciones en instancia de juicio oral, que comenzarán este mes. Pero, aunque usted no lo crea, amable lector, Cristina Fernandez de Kirchner podría ganar las elecciones.

¿Cómo es que pasa esto? ¿Cómo es posible que se suscite esta situación en el electorado argentino? ¿En qué cabeza cabe que alguien vote por una persona con semejante prontuario?

La respuesta, de acuerdo con los expertos en campañas políticas, es lapidaria: El tema que menos le importa al elector, es si un candidato fue o sigue siendo corrupto. ¡No les importa! La lectura pasa por el hecho de que haga obras, trabaje y cumpla, por lo menos con un mínimo de sus promesas y, de ahí en adelante, si robó o no, para el elector es lo de menos. Sería pasable. ¡Sería hasta perdonable!

Y esa es la razón de quienes votarían por Cristina K en octubre de este año en Argentina. Con mi cara desencajada escuché justificaciones variopintas hacia su candidata corrupta, “me daba bonos, subsidios y estabilidad. Así que, si roba o no, es lo de menos para mí”. Sinceramente, quedé estupefacto. ¿Y el libro? Lo leí y es una bazofia. Un pobre pasquín electoral lleno de resentimientos y odios. Una pena por Argentina. Al final, mi sondeo refleja un panorama muy triste y sobre todo, desalentador. 

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