Abril 04, 2020

El stop forzado

En una sociedad basada en la productividad y consumo salvaje, y en la que todos corremos las 24 horas al día sin pausa atrás de no sé qué, estamos contando las horas de un tiempo al que le hemos asignado un valor monetario


Domingo 15 de Marzo de 2020, 11:45pm




En un momento en que en casi todo el mundo algunas minorías de género, religiosas, étnicas; minorías que incluso defienden un “lenguaje inclusivo”, etc. etc., todas, reclaman por ser discriminadas, de pronto... ¡puff!, como por arte de magia aparece un virus que en un cerrar de ojos nos convierte a todos y “todes” en potenciales discriminados. Sí... como lo lee. A todos nos señala con el dedo y nos recuerda que eventual e indefectiblemente, todos moriremos tarde o temprano. (¡Vaya novedad!, dirán algunos). Morirán ustedes los mortales, y también nosotros, los semidioses (Perdonen, a veces prefiero ignorar y pasar por alto que soy tan mortal como cualquiera de ustedes, con la diferencia que no podría ser igual a muchos de ustedes.

Es el momento en que muchos por primera vez se están dando cuenta que las estatuillas de Oscars, sus cinco minutos de fama en la TV, o los millones que pudieron acaparar, no garantizan su seguridad y su permanencia en nuestro planeta. Menos aún en un momento donde los jefes de Estado o Comandantes en jefes de fuerzas armadas titubean en sus discursos simplones, (generalmente leídos porque siempre hay alguien más arriba que los ordena). Discursos vacíos de pueblo porque ignoran lo que tienen más allá de sus narices. Los grandes enigmas de la Tierra y del Universo les importa un poco menos que la satisfacción sexual de sus parejas.

Por ejemplo en nuestro país, Bolivia, ¿hemos escuchado siquiera por error que algunos de los flamantes candidatos, o la misma Presidenta, se dirijan al país con un mensaje a la altura de las circunstancias y de toda esta aflicción colectiva?

Evidentemente no están preparados, evidentemente son improvisados.

No, no sucederá. Nunca tendremos un discurso adecuado. Lamentablemente no escucharemos a ninguno de ellos con razonamientos de investigación, de pensamientos de servicio, de espiritualidad, de humanidad por encima de colores, con sentido solidario. No contamos con personas de profunda integridad filosófica e intelectual que antepongan los intereses del país a todo lo demás. Circunscriben sus pocos conocimientos a sus intereses personales, y la profundidad de sus análisis y discursos son de menos de dos centímetros.

Sus discursos de naipes girarán siempre en torno a la manipulación, la intimidación y el miedo, porque no saben otra cosa. Y lo más importante, no les interesa nada, excepto mantenerse en el poder incluso a costa de vidas humanas. Para ellos el poder es un negocio, no un servicio.

Mis queridos amigos y detractores confundidos, esta humilde servidora sugiere que nos olvidemos un poco de toda esta esfervecencia electoral y nos ocupemos de nuestros seres queridos, de los familiares sanguíneos y los elegidos con el corazón.

En una sociedad basada en la productividad y consumo salvaje, y en la que todos corremos las 24 horas al día sin pausa atrás de no sé qué, estamos contando las horas de un tiempo al que le hemos asignado un valor monetario...

¿Este stop forzado no intenta tal vez despertarnos?

¿Descubrirnos como humanos?

No sé tú, no sé vos, pero hoy, desde mi pequeño lugar en el mundo, desde este grano de arena en el espacio que es nuestro planeta Tierra, levanto mis ojos al universo infinito y agradezco al destino el haberme permitido conocer gente maravillosa, aquellos que me tendieron la mano sin pedir nada a cambio, agradezco las desventuras vividas y las traiciones recibidas, los portazos y cada obstáculo superado en mi trayecto... las ofensas y calumnias esgrimidas que jamás respondí, con o sin razón, y agradezco por supuesto el poder seguir escribiendo con los pulmones, mi alma y mi corazón.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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