Octubre 19, 2021

La republiqueta de la 'Negra Tomasa'


Domingo 10 de Octubre de 2021, 6:45am






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En Bolivia existe un reinado reconocido dentro del Estado Plurinacional. El año 2007, durante el gobierno de Evo Morales, fue registrado oficialmente como rey del pueblo afroboliviano Julio Bonifaz Pinedo, descendiente de Bonifacio, quien desde el año 1932 es reconocido como rey simbólico de esa minoría étnica, como parte de las naciones indígenas originarias que habitan el estado y cuya principal ocupación laboral es la producción de coca en una zona de los Yungas paceños.

Oscuros intereses desataron otra vez un viejo problema: la disputa por los mercados legales de la hoja de coca y la ocupación de su edificio gremial ADEPCOCA (Asociación de productores de Coca) en cuyo estatuto dice en el art. 5: La Asociación es apólitica y no crea discriminación de ninguna naturaleza. Es solo un enunciado, porque fue parte importante de los movimientos sociales que permitieron la emergencia de los movimientos campesinos a la cabeza del (IPSP) MAS y Evo Morales. Esta alianza se quebró cuando este aprobó una ley el año 2017, incorporando áreas cultivables nuevas a la región del Chapare, bastión de los cocaleros cochabambinos, fuertemente imbricados al ex presidente Morales. Las movilizaciones en contra no se hicieron esperar. El año 2018, Franklin Gutiérrez, directivo en ese entonces, fue acusado de muertes de policías en el proceso de erradicación y conducido a cumplir una condena en un juicio que nunca culminó.

Una tarde nublada, cuando miles de cocaleros, dispuestos a volver a ocupar su edificio que funciona como hotel de paso, mercado y cuyos galponeros y directivos deciden quien entra y quién sale, estaba ocupado por un grupo que finalmente fue expulsado; hizo su aparición la negra Tomasa Medina, danzando morenada y rompiendo la tensión de policías en apronte y cocaleros enfurecidos. Era una especie de reencarnación de una vieja canción cubana, compuesta por Guillermo Rodriguez Fiffe, que habla de la negra Tomasa, una esclava cubana que heredó unas tierras de sus ex-patrones y se convirtió en una especie de santa milagrosa por los bienes que hacía a sus compañeros de desdicha y cuya fiesta es el 15 de agosto.

Durante más de una semana, el populoso barrio paceño de Villa Fátima fue el espacio de confrontación, poniendo en zozobra a los habitantes que soportaban gasificaciones y explosiones de cachorros de dinamita. La sangre, como esperaban los políticos de la oposición, no llegó al río. ADEPCOCA fue reconquistada y los festejos duraron tres días, hasta que el viernes 10, un artefacto hizo explosión muy cerca, como una advertencia de algún grupo descontento y violento. ¿Qué hay detrás?  La producción yungueña, según expertos, origina 173 millones de dólares anuales, procedentes del trabajo de aproximadamente 40.000 productores.

Según la ONUDC (Oficina Naciones Unidas para el Control del Delito y la Droga), la hoja mueve entre 365 a 449 millones de dólares, cantidad de dinero que genera codicia, rasgo humano perverso que todo lo envilece y pone en riesgo la institucionalidad y la convivencia.

El sentido de independencia que tiene ADEPCOCA, tiene que ver con su autonomía de gestión, que deviene desde el edificio obtenido con sus propios recursos, su estructura orgánica que data del año 1983, establecida con muchas dificultades, negociando entre las principales regiones productoras que se asumen diferentes al Chapare; porque aseguran que no producen coca excedentaria destinada al narcotráfico.

 El Ministro de Gobierno fue presa de la candidez a la hora de enfrentar el problema, generó más discrepancias que adhesiones al oficialismo. Escenario este que tampoco pudo ser capitalizado por la oposición, carente de bases sociales campesinas y obreras y evidenció su orfandad en este espacio de decisión política; así la locuacidad afiebrada de los miembros de Comité Cívico de Santa Cruz y su gobernador, fueron ignorados y cayeron en taki roto.

Saberse autosuficientes para los cocaleros yungueños ha creado una conciencia de republiqueta y son celosos de sus conquistas, saben que en cualquier momento puede volver la represión por la producción excedentaria y, por lo tanto, requieren mantener  lejos la presencia del Estado en sus dominios.

Así, nuestra negra Tomasa Medina seguirá danzando la morenada, porque “No se baila así nomás”, como reza el título de la investigación de David Mendoza y Evelyn Siegel.

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