Septiembre 17, 2019

La trampa de la golosina en los negocios

Si carecemos de autocontrol y fuerza de voluntad, es muy probable que diseñemos una vida un tanto caótica y la toma de decisiones en nuestros negocios, sea también, muy cortoplacista.


Miércoles 27 de Febrero de 2019, 11:00am




Cuando Adán, según el Génesis de la Biblia, aceptó morder la manzana, condenó a la humanidad a vivir en pecado constante. En culpabilidad. En deshonra. En vergüenza. A esta debilidad de la voluntad que padecen ciertas personas, los antiguos filósofos griegos la llamaban akrasia (ausencia de régimen con uno mismo).

De hecho, durante milenios se consideró a la fuerza de voluntad como un rasgo inmutable de las personas. Y a los hombres y mujeres con poca o casi nula fuerza de voluntad, las reconocían como víctimas de sus historiales biológicos y sociales. Estaban predestinados al fracaso.

¿Pero es acaso esto verdad? ¿Puede alguien afirmar que un hombre será un fracasado o, por lo menos, tendrá muchas menos chances de alcanzar un éxito social y empresarial, sólo por su falta de autocontrol en su niñez o adolescencia?

Para los filósofos griegos y para Walter Mischel, de la Universidad de Stanford, la respuesta es sí. Y bastante contundente, por lo demás.

Mischel, en su libro titulado “El Test de la Golosina” nos cuenta con lujo de detalles y respaldo científico que un simple experimento determina si una persona tendría mejores chances de alcanzar el éxito o, simplemente, estar condenado al fracaso.

Imagine, amable lector, una pequeña sala, con una silla, una mesita, sobre ella una golosina y un niño de unos siete años, en frente de dicha pequeña tentación. El desafío que se le plantea al infante es que puede comer la golosina una vez que el adulto deje el recinto, pero - y acá está la base del experimento realizado allá por los años setenta -, si espera a que el adulto retorne sin haberse comido el dulce, el niño recibirá como premio, una segunda golosina. El experimento es muy sencillo, pero muy eficiente para medir si ese menor tiene o no capacidad para demorar la satisfacción y resistir a una tentación.

Este experimento simple se volvió un ícono en el mundo científico de neuropsicología al explorar la capacidad de espera y autocontrol de los niños y sus efectos posteriores en su vida, una vez que alcancen la edad de trabajo o la propia universidad.

El ejercicio remarca la importancia del autocontrol - como una capacidad - que permite realizar elecciones más correctas en la vida y postergar impulsos que sólo satisfacen tendencias momentáneas de gratificación.

Los resultados del experimento y su seguimiento a lo largo de los años fueron asombrosos. Aquellos niños que presentaron un autocontrol y esperar a una recompensa (dos golosinas, en lugar de una), en su vida profesional terminaron siendo más eficientes por su conducta de alcanzar metas de largo plazo, en lugar de caer en las tentaciones cortoplacistas, como lo hicieron los niños que, ni bien abandonó el adulto la pequeña sala, literalmente se engulleron la golosina.

La lección es que nuestra vida, no sólo en lo personal sino también en el mundo de los negocios, está hecha de elecciones y a cada momento tenemos que escoger. Si carecemos de autocontrol y fuerza de voluntad, es muy probable que diseñemos una vida un tanto caótica y la toma de decisiones en nuestros negocios, sea también, muy cortoplacista.

Thomas Schelling, premio nobel de economía, al respecto fue muy elocuente. Si un atleta se priva de tentaciones y es disciplinado, sus posibilidades de ganar una medalla olímpica aumentan. Las empresas, a su juicio, caminan por el mismo sendero.

Así que amable lector, es usted de las personas que ni bien tiene la golosina en frente, se lanza sobre ella, ¿o tiene aquella capacidad de autocontrol y tomar una decisión de largo plazo mucho más rentable para su salud y su negocio? A la próxima, por lo menos tómese un segundo y deje que su fuerza de voluntad actúe, antes de caer en la trampa de la golosina.

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