Junio 02, 2023

Los lecos, los indígenas paceños que viven en armonía con la madre tierra

En el camino a Guanay, ya lejos de la ciudad sede de gobierno, viven los Leco, un pueblo indígena que da valor al Estado Plurinacional de Bolivia. La comunidad de San Juan Kelequelera está compuesta por poco más de 40 familias que viven en armonía con la naturaleza.


Sábado 28 de Mayo de 2016, 3:15pm






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La Paz, 28 de mayo (Urgentebo).- En el camino a Guanay, ya lejos de la ciudad sede de gobierno, viven los Leco, un pueblo indígena que da valor al Estado Plurinacional de Bolivia. La comunidad de San Juan Kelequelera está compuesta por poco más de 40 familias que viven en armonía con la naturaleza.

La caza y la pesca aún es la base de la alimentación de las familias del pueblo indígena Leco de Kelequelera, que son parte del municipio de La Paz. Aunque ellos viven a 45 minutos de la ciudad de Caranavi, al norte del departamento, son parte del macrodistrito de Zongo.

“Vivimos de la caza y de la pesca. Nosotros cazamos el venado, el chancho, el mono y el sábado pescamos. De eso vivimos nosotros allá”, cuenta Norma Medina, una de las comunarias. Por las noches, y con la luz de una linterna, los varones van a cazar, principalmente jochis, para proveer de carne a su familia.

Para llegar donde viven Norma y los otros lecos hay que pasar un puente peatonal colgante que está tendido sobre el río Coroico, en cuyas aguas los niños aprendieron a nadar casi al mismo tiempo que aprendieron a caminar.

Sí, los lecos están asentados en las márgenes del río Coroico, en el macrodistrito Zongo. Al menos 40 familias viven en Kelequelera, comunidad situada al norte del municipio de La Paz; limita al este con la comunidad de Tajlihui (Caranavi) y la comunidad Buenos Aires (municipio de La Paz), al oeste con la localidad Villa Florida y al norte, con el río Coroico.

El nombre Kelequelera proviene de kele kele (como se les llama a loros pequeños que habitan en las peñas, a orillas del río) y lera, que significa pampa.

La vida en Kelequelera

“Con el arroz y la carne del monte hacemos masaco (arroz cocido mezclado con carne y que también puede ser plátano o yuca con carne), con el chocolate hacemos risarga (chocolate y arroz mezclado). Tenemos plátanos, yuca, walusa, papaya”, detalla Norma.

Según esta mujer indígena, la jornada diaria para los lecos se inicia a las 05.00. A esa hora los padres alistan sus hijos e hijas para que vayan al colegio, ya que su horario de ingreso es 07.30. En la comunidad indígena funciona la Unidad Educativa Kelequelera con los ciclos inicial, primario y secundario, donde estudian 95 alumnos y alumnas.

Los niños y adolescentes pasan clases hasta las 12.00 y luego almuerzan con su familia. Por la tardes los padres se van al “chaco” a trabajar la tierra o ver el estado de su siembra, mientras que los menores se quedan en casa haciendo sus tareas.

Otra pobladora de esta comunidad indígena, Irma Medina, recuerda que, cuando era niña, sus padres tenían sembradíos de frijol y maní. “Nuestro refresco era la chicha; molíamos en un batán de madera y conseguíamos una piedra. Tampoco conocíamos las tazas, conocíamos unas tutumas cortadas, todo era bien para nosotros; pero ahora nos han cambiado y por eso queremos recuperar nuestra cultura”.

Música y danza

La música tradicional de los Lecos de Kelequelera es el tiri tiri, ejecutada por los mismos pobladores con un tambor y quenas fabricadas por los jóvenes.

La fiesta patronal del pueblo es San Juan que se celebra el 24 de junio, en honor al santo. Ese día también se celebra una misa y luego se disfruta de la música tradicional y de una comilona, un gran apthapi que tiene como principal ingrediente la carne de cerdo. Además se acostumbra preparar una bebida alcohólica en base a la caña de azúcar.

A diario, estos indígenas visten la ropa occidental, una polera, pantalón, una blusa o faldas en el caso de las mujeres; mientras que la vestimenta tradicional, que consiste en un pantalón y vestidos blancos, sólo se usa en días festivos. Mujeres y hombres caminan descalzos.

Los varones visten un pantalón y el dorso descubierto; además llevan una especie de falda hecha con las hojas del plátano o palmeras, y cuelgan en la espalda una especie de porta fechas en forma de cono que en realidad sirve para acopiar las frutas que recogen durante sus caminatas. Fabrican este recipiente trenzando hojas de palma, motacú o coco.

“Nos tapamos con hojas de plátano y de motacú”, dice Mirko Chono, mostrando las hojas que cuelgan de su cintura sobre su pantalón blanco. “Se utilizan también huayrachas, que es como un abanico”, explica este joven indígena enseñando el trenzado de hojas de palma, motacú o coco de forma romboide y con un largo agarrador.

Las mujeres lucen vestidos blancos; las más jóvenes prefieren las faldas cortas y los collares fabricados por ellas mismas con semillas pequeñas de frutas silvestres, como la sandía. “Esto está hecho de chuchitos con coco”, explica Brenda Chono, una joven de 17 años, luciendo una blusa más adornada que su falda.

 

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