Diciembre 07, 2019

Alegre, leal y con un alma de niño, así era el Tataque

Nació 24 de septiembre de 1953 en la zona de Miraflores; pero vivió toda su vida en la zona Gran Poder en la avenida Antonio Gallardo, de la ciudad de La Paz. Conoció a su esposa en Cochabamba, cuando era boxeador, con quien tiene cinco hijas: Verónica, Fabiola, Ingrid, Gabriela y Ángeles. Verónica es la única que sigue sus pasos.


Jueves 20 de Junio de 2019, 9:30pm




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Walter "Tataque" Quisbert (Foto:Luchalibrebol)

20 de junio (Urgentebo).- “¿Cómo estás?”, “Estoy mal, estos días más les voy a acompañar y me voy a ir”, respondió a la pregunta que le hizo Verónica, una de las hijas de Walter “Tataque” Quisbert, el luchador y boxeador boliviano que partió de este mundo a los 65 años el lunes. Era el alma de las fiestas, leal y cariñoso con los niños.   

Nació 24 de septiembre de 1953 en la zona de Miraflores; pero vivió toda su vida en la zona Gran Poder en la avenida Antonio Gallardo, de la ciudad de La Paz. Conoció a su esposa en Cochabamba, cuando era boxeador, con quien tiene cinco hijas: Verónica, Fabiola, Ingrid, Gabriela y Ángeles. Verónica es la única que sigue sus pasos.

El Gigante de América, como también era conocido, le gustaba bromear, amaba a los niños, no era peleador; pero, cuando subía al ring se trasformaba. “A veces, le provocaban; pero, no respondía”, dijo su hija Verónica con quien vivía. 

Tenía alma de niño. Consentía a sus nietos (siete y dos en camino) e hijos. Cobraba su Renta Dignidad y lo gastaba comprando chocolates, galletas y dulces para sus nietos, porque cuando era niño él se antojaba esas cosas, pero su mamá no podía comprarle por falta de recursos económicos.

Le infundía a uno de sus nietos de siete años el boxeo y la lucha. “Cuando venía a casa, le enseñanza hacer los puños y algunos movimientos, jugaban”, dijo su hija. 

Acompañado de Goldy, su mascota, acostumbraba desayunar jugo de papaya y frutas a las nueve de la mañana. Luego, se ponía a lavar ropa, limpiaba y cocinaba, le gustaba preparar arroz chaufa con carne picada y falso conejo.

A los 16 años, lo descubrieron como luchador y boxeador en Arica, Chile, donde había llegado a pie con sus amigos tras una discusión con su mamá.  Pasó hambre y frío, empezó a valorar el plato de comida que su madre le preparaba. De ahí nace el mensaje para sus nietos e hijos. “La experiencia entra con dolor”.

Al volver a Bolivia, se dedicó al boxeo, un deporte bastante rudo y muy sacrificado; empezaba a entrenar a las cuatro de la mañana con profesores rusos y cubanos. 

La primera vez que se subió al ring, fue por un desafío de sus amigos que lo desafiaron a retar a un duelo a la “Momia”. Después de dos días, el encargado de la lucha libre fue a su casa para exigir que cumpla el desafío. Así comenzó su lucha. 

Se encargó de llevar la lucha libre a todos los rincones de Bolivia, fue un personaje muy querido en las minas. Lugares muy alejados donde nadie iba. Conoció la pobreza y el abandono de los niños. 

“Una vez, nos instalamos en una cancha al aire, ese día estaba nublando, mi papá dijo que no era posible hacer la lucha; pero, los niños se pusieron a soplar el cielo para que no llueva, lo que le hizo cambiar de opinión”, recordó.

Conoció a Angelito, un niño de cuatro años. Su mamá lo abandonaba todo el día. El niño le partió el corazón al Tataque, porque quería quedarse con ellos.

Viajó mucho como luchador y boxeador. En una oportunidad, el mexicano Huracán Ramírez de México lo invitó a ir a su país; pero, al ir se quedó en Panamá, donde trabajó de guardia de seguridad para una de las familias millonarias. 

Cuando volvió a Bolivia, instauró el proyecto NWA (Alianza Nacional de Lucha Libre, sigla extranjera) una empresa que se dedicaba a la exportación de las cholitas luchadoras. Tiene filiales en el exterior, porque tiene representación en Ecuador, Colombia, España, Australia y Guatemala. Está conformado por seis luchadoras mujeres y ocho luchadores varones. Está abierto para todos. 

Ahora, su hija Verónica (Elizabeth, la roba corazones) se hará cargo de la empresa. “He aprendido bastante, he viajado mucho. Le agradezco por los concejos: ‘si quieres ser algo, entrena; la base del éxito es el entrenamiento’, me dijo”.

Su sobrino, quien le inculcó la lucha libre desde los 14 años, lo recuerda humilde y querendón de su pueblo, como el luchador por Bolivia, aquel que sacó cara por su país.

“Mi tío se dedicó a fomentar el deporte.  Me enseñó a luchar desde los 14 años en los Titanes del Ring, me enseñó a hacer las caídas, el llaveteo, la lucha grecorromana, la olímpica. Me dejó su legado. También, fue basquetbolista”, dijo Roberto Aquise.