Enero 17, 2022

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El legado poco conocido de la cultura Moxos a Bolivia


Sábado 8 de Enero de 2022, 3:30pm






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08 de enero (Jacqueline Maydana, Revista Oxígeno).- Llegaron las festividades. Él se pone un “tocado”, un sombrero de plumas largas de colores; y al ritmo de los macheteros empieza a inclinarse hacia adelante con delicadeza y elegancia, luego pisa al son del tamborcillo como si una brisa suave lo hubiese elevado. La danza se realiza en cuatro columnas de bailarines que hacen su paso por la plaza principal del pueblo. El sentimiento es común: el respeto a sus antepasados como descendientes del Gran Mojos, una cultura  que hay que preservar y cuyas raíces aún se estudian.

Así, los danzarines relatan en sus pasos de baile la historia del que han sido parte y los conocimientos que se le fueron impartidos; ellos son de Llanos Mojos, una cultura que brilló en el pasado y hoy, en siglo XXI, tiene 28.000 habitantes.

Daniel Bogado Egüez, filósofo y antropólogo, considera que así como se estudia a la cultura andina en Bolivia, cuyos orígenes se manifiestan en la civilización tihuanacota, el imperio Incaico y los pueblos aimaras, la amazónica también debe serlo porque guarda consigo enseñanzas y misterios, porque, contra lo que se cree, en las tierras tropicales hubo pueblos que dejaron un importante legado.

“Antes se excluía la posibilidad de que en la Amazonia haya habido cultivos. Pero con la tala de árboles y el avance de la agricultura en Brasil se han encontrado muchos sitios arqueológicos y se han dado cuenta de que hubo algo mucho más grande de lo que se esperaba”, explica el Dr. Heiko Prümers, del Instituto Alemán de Arqueología en una entrevista con DW.

Incluso ahora, el desconocimiento evita valorar los avances culturales de los pueblos que vivieron desde antes de la conquista y la colonia en las tierras amazónicas de lo que hoy es Bolivia, en Beni y Pando. El historiador beniano Julio Ribera relata entre anécdotas que cuando estudiaba en Cochabamba y en su paso por La Paz, sus compañeros imaginaban a los indígenas de las tierras bajas como “personas con taparrabo, con flechas, salvajes e incluso desnudos”. “Están equivocados”, dice Bogado, porque la cultura Mojeña fue parte de una de las civilizaciones más grandes del mundo y dejó un importante legado que aún se mantiene.

ANTES DE LA CONQUISTA

El historiador Paul Rivet sostiene que hace unos 7.000 años AC, el pueblo Arawak, que tiene origen en Asia, posiblemente Indonesia, llegó a la Amazonia Central, como lo hizo también a las islas del Caribe.

Francisco Limaica, director del Museo del Patrimonio en San Ignacio de Mojos e investigador, precisa tres momentos importantes de la historia del territorio que era conocido como Mojos. En la actualidad este nombre se mantiene en la provincia de San Ignacio de Mojos, una parte del departamento del Beni.

“Estos espacios fueron ocupados por una de las más grandes civilizaciones que tuvo el mundo que se asentó en San Ignacio. Ellos son procedentes de Asia y se adaptan al espacio. Crean condiciones de vida y empiezan a hacer grandes levantamientos de tierra, como las plataformas; es una civilización muy grande”, relata Limaica.

Las investigaciones coinciden en señalar que antes eran pueblos más densos y que tenían dominio de una superficie mayor a los 100 mil kilómetros. De hecho, actualmente, el departamento del Beni alberga a 32 de los 36 pueblos indígenas que llevaron a Bolivia a reconocerse como Estado Plurinacional.

Los de Mojos desarrollaron extraordinarias técnicas de ingeniería para el manejo de las aguas y la agricultura, lo que es más importante en una región como Beni, que cada año, en la actualidad, es afectada por el periodo de lluvias, provocando grandes inundaciones. Caracterizada por dos estaciones, una de lluvias y otra seca, en la tierra mojeña, los pueblos prehispánicos se adaptaron al entorno, abrieron zanjas y levantaron plataformas para el cultivo y la vivienda, que hasta hoy despiertan la admiración.

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Cerámica moxeña prehispánica

Desde arriba se puede ver lo que parecen ser montañas perfectamente separadas en distancia, cuando en realidad son lomas artificiales, que fueron levantadas sobre plataformas de tierra.  Se trata de una de las grandes herencias de la cultura amazónica. Cubren hasta ocho hectáreas, y pueden llegar a medir hasta 25 metros de altura. Allí, los indígenas cultivaron. Allí vivieron y se desarrolaron.

“La Mojos tuvo una cultura hidráulica muy grande, ahí se instaló una cultura importante y más grande del mundo. Tenemos los canales que son atajos para llegar más rápido por el río y se conectaban desde San Ignacio de Mojos hasta San Pedro, pasan unas cuatro provincias más o menos”, explica Bogado.

Sin embargo, se cree que la cultura mojeña disminuyó por las grandes inundaciones  y  la parte de los indígenas que logró sobrevivir volvió a ocupar el espacio, pero ya en una cantidad reducida. El investigador Lamaica explica que en los siglos 15 y 16, los indígenas fueron dispersados en todo el  Beni, que levantaron aldeas, comarcas y así generaron lenguas distintas.

LA COLONIA

Otro momento importante de la historia de la cultura Mojeña fue generado por las misiones jesuíticas, que tuvieron un alto impacto en la formación del camba beniano, que es una combinación de la cultura prehispánica y jesuítica. El temperamento y el carácter, ejemplifica Bogado, es un rasgo que diferencia a los amazónicos de los andinos, y esto deviene de la forma en que estos pueblos fueron conquistados y colonizados.  “Los benianos somos producto de una herencia cultural muy grande, si nos hubieran enseñado esto de chicos, quizá nuestra autoestima sería diferente”, reflexiona.

Los jesuitas tuvieron una gran influencia en los indígenas de Paraguay, Argentina y Mojos. La misión trabajó en la evangelización por casi 100 años tras hacerse amigo de los caciques.

Limaica recuerda que los caciques eligieron entre la presencia de los jesuitas españoles o el avance de los pueblos cruceños. Optaron por una relación más cercana con los misioneros religiosos, quienes, para lograr su cometido, aprendieron el idioma de los nativos.

La misión también tenía la intención de fundar pueblos en Mojos, la primera ocurrió en 1.682 con el nombre Nuestra Señora de Loreto; y en 1.689, el 1 de noviembre fue creado San Ignacio de Mojos. Limaica precisa también que hubo pueblos que no formaron parte de las misiones.

En 1743, San Ignacio de Mojos se traslada al lugar donde ocupa ahora en Beni, luego de una epidemia de viruela y sarampión. Años más tarde, en  1.767, se inicia una etapa difícil para los pueblos de Mojos, debido a que el rey Carlos III de España expulsa a los jesuitas.  Años más tarde ocurre la invasión de los portugueses que estaban en tierras brasileñas y luego los  mestizos provenientes de Santa Cruz se llevan a los indígenas de Mojos para esclavizarlos, para someterlos.

Los pueblos que se habían fundado se desorganizan para huir del sometimiento español. Pero en ese periodo también emergen líderes indígenas revolucionarios, entre ellos Pedro Ignacio Muiba, Gregorio Gonzáles y José Bopi, que se levantan contra los opresores. De hecho, noviembre es importante para los indígenas, pues el 10 de ese mes de 1810, los rebeldes demandan libertad.  “¡El Rey de España ha muerto! Nosotros seremos libres por nuestro propio mandato. Las tierras son nuestras por mandato de nuestros antepasados, a quienes los españoles se las quitaron”, exclamó en Trinidad.

Ya en el periodo de la República, los indígenas de Mojos sufrieron el olvido y la explotación. Por ejemplo, en el auge de la goma murieron 18.000 mil personas. Luego, en el inicio la era de la ganadería, los indígenas fueron afectados en sus derechos.

De hecho, la creación del Beni se expresó en la fragmentación de los pueblos. Por ejemplo, San Ignacio de Mojos se vuelve en la capital de la provincia del Sécure. En 1937 se crea la provincia de Mojos con su capital San Ignacio.

EL LEGADO Y LOS MISTERIOS

Uno de los legados más importantes de la cultura Mojeña son los camellones, ideales para la agricultura en la pampa. Un ejemplo es el caso de las comunidades del Tipnis (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure) que tienen tienen lomas artificiales.

Los secretos de la cultura amazónica relucieron más aún luego de un proyecto arqueológico boliviano-alemán en 1.999, que descubrió montículos monumentales que cubrían hasta ocho hectáreas, rodeados por un terraplén, donde levantaron viviendas, cultivos y hasta cementerios.

Los investigadores descubrieron que, por los sepulcros hallados en la búsqueda, la cultura amazónica estaba jerarquizada, porque las tumbas tenían ofrendas traídas de otros lugares, por ejemplo una placa, orejeras de metal y dientes de jaguar.

El investigador Bogado explica que en Mojos adoraban a la naturaleza y a los “amos” de los animales, uno de sus dioses era el jaguar. Tenían especial respeto por la pesca ya que, si no se sometían al tiempo de veda, serían castigados por los “dueños” de estos animales.

En ese marco, el historiador Bogado indica que es importante resaltar la simbología de amistad y hermandad de esta cultura, que siempre buscó una relación equilibrada con la naturaleza y los astros.

BENI, LA MULTIETNICIDAD VIVA

La cultura amazónica y la andina, según los historiadores, guardan grandes enseñanzas y misterios que deben ser estudiados, porque los bolivianos debemos aprender la multietnicidad que tiene Bolivia, con sus 36 etnias.

Todas estas culturas tienen que ser valoradas en la enseñanza que se imparte en colegios, dice Ribera. “Sabíamos quién era Manco Kapac y Mama Ocllo y una serie de personalidades de las tierras altas, están en libros de lectura, hasta en el mismo pensum”. Bogado lamenta que la cultura amazónica haya sido muy poco investigada, incluso por los mismos hijos del Beni. “Si te fijas, los salvajes somos nosotros los desnudos, los que no saben nada y a los que hay que enseñarles cómo hay que vivir”, dice Julio Ribera y coincide con Bogado quien propone enseñar en estas tierras las riquezas que dejó la cultura Mojeña para valorarla, porque fue muy buena, por ejemplo, en el conocimiento del agua.

 

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