Diciembre 10, 2019

El maestro Cavour, toda la vida para el charango

Las canciones de Cavour parecen jocosas, pero tiene gran contenido social; describe los aspectos que caracterizan a la bolivianidad. El maestro del charango es Premio Nacional de Cultura


Martes 11 de Diciembre de 2018, 10:00am




El apellido en realidad era Cabur, pero su abuelo lo ‘afrancesó’ cambiándolo por Cavour. Al principio le incomodaba y se hacía presentar como Ernesto Aramayo, su apellido materno. Hoy, sentado en la sala de su casa, con 78 años encima, de los cuales 61 fueron dedicados a la música, comparte sobre su pasión por el arte y las anécdotas que marcaron su vida

Desde muy pequeño, Cavour sintió el imán de la música, esa atracción indescriptible que lo atrapó para que su vida sea consagrada a este arte. Un 27 de mayo, a la edad de 10 años, contaba con algo dinero para comprarle un obsequio a su mamá, pero al pasar por el “Ch’api cato” no resistió y se compró un charango, ese pequeño instrumento que lo cautivó. Desde entonces, se empieza a formar el virtuoso, de manera autodidacta puesto que no había academias donde enseñen a tocar el charango. Aprendió “mirando a los charanguistas, escuchando su canto en manos de los tocadores rurales y citadinos”.

Proviene de una familia pobre. Recuerda que por las mañanas y las noches su alimento era sultana con marraqueta, y cuando dormía “soñaba con el charanguito”. Quien iba a imaginar que aquel niño que fue abandonado por su padre a la edad aproximada de dos años, hoy fuese músico consagrado del país. 

Su situación obligó a su madre, Marina Armayo, a llevar al infante Cavour a vivir por zonas periféricas y a pasar necesidades, que a futuro fueron superadas por el esfuerzo de su progenitora. El vivir en las zonas alejadas le ayudó a desarrollar el gusto por lo nacional, por los saberes y sentires de pueblo, por aquello que hace a la identidad del país y que estuvo marginado por muchos años.

Si se habla de una cronología de su vida, él destaca la década de 1960, cuando  integró el Ballet Nacional, dirigido por Julia Elena Fortún. Bailarín de danza española y folclórica, el joven tímido también tocaba la quena y la guitarra para su elenco. Su inquietud por la música lo llevó a formar varios conjuntos, y en una primera instancia a recorrer el país y a expresar su arte. Entre estos grupos, uno de los más destacados: Los Jairas, con los cuales viajó a Europa en 1969, con un pasaje solamente de ida. Pudo quedarse para radicar en el viejo continente, pero decidió volver en 1971 por el amor que le tiene a Bolivia y a emprender su proyecto como solista; mostrar al charango en otra faceta.

Como describió Rolando Encinas, director de Música de Maestros, el legado que el charanguita deja a la cultura musical del país es enorme, porque con su interpretación creó otra corriente en la música boliviana.

Hoy Cavour es un referente de Bolivia en el exterior, puesto su talento hizo que participe en festivales importantes en países del cinco continentes y que comparta escenario, en festivales importantes, con grandes como: Paco de Lucia, Andrés Segovia, Bireli Lagrene y otros.

A partir de Ernesto Cavour, el charango se muestra en otra faceta; la de un instrumento solista para una interpretación de una técnica mucho más compleja. Hasta ese tiempo, el charango era complemento en los conjuntos folclóricos, que amenizaban las fiestas populares, describió Sergio Calero, comunicador y quien postuló al músico al Premio Nacional de Cultura.

Encinas acotó que la fama del maestro no es resultado de la casualidad, sino del esfuerzo y la dedicación que tiene hacia el arte y la música, al cual le dedica la mayor parte de su tiempo durante todos los días. “Tuve la posibilidad de compartir con él (Cavour) buenos meses en Europa, donde incluso compartimos la habitación, y yo lo veía después de ocho horas de viaje, en las que iba tocando su charango, llegar al hotel a seguir tocando y se dormía con el charango, encima el pecho. Esto es una entrega total a la música, es no poder vivir sin el instrumento, es como una extensión más de su cuerpo”, resaltó.

Ernesto Cavour no estudio poesía ni filosofía, pero estas virtudes le emanaron de manera natural y se ven reflejadas en sus composiciones, en las cuales describe historias con un lenguaje sencillo y a la vez complejo. Revaloriza aspectos de Bolivia, como por ejemplo: la salteña, la llama y los panes típicos del país.

“… Corre caballito blanco, tu posición te condena, corre animal ilustrado, una letra es tu trinchera. (…) Los cuadros van repitiendo el canto de los peones: moriremos defendiendo ¡ay! El pellejo de los reyes. Mucha sangre está corriendo por todito el tablero, como ríos en la tierra en tiempos de descontento”, detalla parte de letra del kaluyo La Masacre.

Con figuras poéticas describe, en este tema, a quienes están a cargo del poder, donde las personas son solo fichas que pueden usar y dejar de prescindir según les conviene, y que persigue a quienes piensan distinto, escriben y hablan de la injusticia. En su texto “Pensamientos chiquitos” recurre a la filosofía para hablar de aspectos y condiciones de la vida. Menciona que el poder “es la mayor ambición de los ansiosos y desesperados; el flagelo de los humildes y normales y el desprecio de los animales… El pueblo culto por sus necesidades dice: ¡el poder es no poder dar de comer! También refiere que la justicia “es una joven con los ojos vendados. Con balanza pesa a todos los acusados y por su espada a ciegas, otros son los condenados”.

Las canciones de Cavour parecen jocosas, pero tiene gran contenido social; describe los aspectos que caracterizan a la bolivianidad, que los narra con un lenguaje muy popular, dijo María Antonieta Arauco, escritora del libro Los Jairas y el Trio Domínguez, Favre, Cavour.

Facetas del charanguista

Desde muy joven, cuando formaba parte del Ballet Nacional, el maestro Cavour se dedicó a la investigación, elaboración de métodos y a la recolección de instrumentos para crear en un futuro no tan lejano El Museo de Instrumentos Musicales. Antes de su viaje a Europa, publicó “El ABC del charango” y a su retorno difundió una serie de textos para la enseñanza de la quena, zampona, guitarra y concertina y el libro “El charango, su vida, costumbre y  desventuras”.

Además, impulsó a los jóvenes a la interpretación y aprendizaje de los diferentes instrumentos, tal es el caso de Rolando Encinas, a quien le enseñó a tocar la quena.

En 1973, fue fundador del Sociedad Boliviana del Charango (SBC), institución que se creó para impulsar actividades, a nivel nacional e internacional, como conciertos, festivales, exposiciones del instrumento. A lo largo de su carrera, el maestro inventó instrumentos, entre los cuales están: la guitarra muyu muyu, el celestino, la zampoña cromática, la estrellita, y los charangos sonkoy, manguerito y octavado, entre otros.

Entre sus actuaciones, Cavour resaltó su actuación en el Primer Festival Latinoamericano de Folclore en Salta (Argentina) en 1965, en el que ganó el primer lugar como solista instrumental. En 1973, la Dirección de Actividades Socioculturales de la Universidad Mexicana lo declaró El mejor charanguista de mundo. En 1981, la urbe de Gamagori (Japón) le entregó la Llave de Oro de la Ciudad por incentivar a la juventud japonesa. En 2004, recibió el denominativo de El genio del charango, por la Internacional Press de Tokyo. En 2013, se le otorgó Cóndor de Los Andes, en el grado de Caballero. Y este año será reconocido con el Premio Nacional de Culturas. Estos galardones son parte de los varios que obtuvo a lo largo de su trayectoria como músico, artista, escritor, poeta e inventor.

 

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