Enero 27, 2020

La danza de los binomios

La derecha no va a devolver el poder al MAS, incluso si ganara las elecciones. Van a inventar cualquier estratagema, van a recurrir a cualquier chicana, y por último se van a aferrar al poder por las armas, como han hecho hasta ahora


Jueves 16 de Enero de 2020, 11:15am




En una encuesta realizada por CiesMori y publicada por UNITEL el 3 de enero pasado, el MAS sin candidato definido aparece como líder en la intención de voto con un 20.7%, seguido por la no confirmada candidatura de Jeanine Añez con 15.6% y Carlos Mesa con 13.8%. Camacho y Pumari aparecen cada uno por separado y sumados llegan al 15.1% (aunque es difícil creer que su alianza sume automáticamente la intención de voto que recibe cada uno, en particular luego de todos los dimes y diretes de este binomio).

En cualquier caso, y siempre considerando que dicha encuesta es absolutamente prematura y sobre candidatos no confirmados, hay un elemento que es muy interesante de resaltar: el MAS gana aun sin candidato definido, con una silueta en negro en su lugar de la hipotética papeleta. Podemos interpretar que ese 20.7% es la base absoluta del voto duro del MAS, representa a quienes van a votar por ese partido sin importar quién es el candidato que finalmente sea decidido. Sobre ese 20.7% se debe añadir cualquier votación que tenga nombre y apellido, algunos con más arrastre en ciertos sectores y grupos etáreos que otros. Si el MAS mantiene como consigna la unidad férrea de sus votantes, y el voto por la sigla sin importar qué candidato sea finalmente el que la represente, tiene muchas posibilidades de llegar a superar la barrera del 40%. No olvidemos que en el mentado referéndum del 21F de 2016 obtuvo 48.7% y, aun eliminando todas las mesas en las que la OEA encontró “irregularidades” el 20 de octubre, el MAS aun obtuvo el 46.8% de los votos el 20 de octubre pasado.

Es improbable pensar que los votantes que votaron por el MAS en octubre vayan ahora, en las condiciones actuales y luego de todo lo sucedido, a virar abruptamente a la derecha y votar masivamente por los partidos a quienes identifican como responsables de un golpe de estado y de la persecución política que se ha desatado contra sus dirigentes y ex autoridades. De hecho, la insistencia de los propios candidatos de la derecha y de la misma Presidenta de facto en que “sólo la unidad permitirá derrotar a los salvajes” parece confirmar que ellos mismos están muy concientes de esa realidad: el MAS no ha perdido su fuerza electoral, y tiene muchas posibilidades de ganar la elección de mayo. Quizás, por alguna razón que ahora mismo no se nos ocurre, puede no alcanzar el 10% necesario para evitar una segunda vuelta. Pero ganará la primera vuelta de seguro. Aceptamos apuestas.

Lo que nos lleva a la importante conclusión de esta larga diatriba: Más allá de concentrarse en definir el binomio que vaya a sustituir a Evo y Alvaro en la papeleta, el Movimiento al Socialismo debería estar muy seriamente trabajando en definir las listas de diputados y senadores que acompañarán esa candidatura. Es muy probable que repitan la presencia en la Asamblea que lograron en octubre pasado, y es fundamental que los que sean elegidos esta vez estén absolutamente comprometidos, sean absolutamente representativos de los movimientos que se mantuvieron fieles al MAS en los momentos más duros y estén absolutamente dispuestos a revisar, reconducir y reconstruir el proceso de cambio.

Puede que (por alguna razón que no se nos ocurre o por juego sucio) se tenga que ir a una segunda vuelta electoral. En ese caso, la consigna “todos contra el MAS” puede lograr una victoria ajustada para los frentes de derecha. Y, por consiguiente, podemos esperar una re-edición de la democracia pactada, en la que las fuerzas negocien sus votos en la Asamblea a cambio de aduanas y prebendas. En ese panorama, quien sea elegido Presidente gobernará con esos apoyos en una Asamblea Legislativa con mayoría masista. Si se quiere evitar una situación como la actual, en la que la mayoría en la Asamblea no garantiza nada, no se opone nada y no logra nada, debemos asegurarnos de elegir bien a los asambleístas. Y esa es una tarea difícil en un momento de persecución política y de milicias fascistas que desde cada esquina, cada centro de trabajo y cada medio de comunicación se encargan de amedrentar a la militancia del Movimiento al Socialismo. Si ni las cabezas visibles, con plataformas propias, se libran de la persecución oficial y paramilitar, es fácil imaginar el nivel de hostigamiento y persecución al que se va a someter a los ciudadanos de a pie que se inscriban en la lista para diputados y senadores del MAS. Pero sin ellos, los próximos 5 años de resistencia, reconducción y reconstrucción del Proceso de Cambio serán imposibles.

Los binomios son muy importantes para los otros frentes, pero no deberían serlo ahora mismo para el MAS. En particular por la razón evidente de que ninguno de esos frentes plantea una visión de país, una propuesta conceptual y una proyecto de estado – lo único que tienen para ofrecer es un nombre y un apellido. El Movimiento al Socialismo, en cambio, ahora más que nunca encarna un proyecto y no a un persona: el Estado Plurinacional, la economía plural, la inclusión y el respeto por los pueblos indígenas, las organizaciones sociales y los colectivos jóvenes de las ciudades. No debemos jugar el juego que impone la derecha, que implica desgastarnos y dividirnos en la búsqueda de un binomio y unas elecciones que, finalmente, son sólo concesiones necesarias para seguir avanzando.

Si logramos posicionar la consigna de votar por el MAS independientemente de qué caras aparezcan en la papeleta, sin romper la unidad del movimiento por apetitos personales o de grupo, tenemos muchas oportunidades de ganar en primera vuelta e incluso de tener el 10% necesario para impedir la segunda. Pero no nos llamemos a engaño, no pequemos (otra vez) de ingenuos. La derecha no va a devolver el poder al MAS, incluso si ganara las elecciones. Van a inventar cualquier estratagema, van a recurrir a cualquier chicana, y por último se van a aferrar al poder por las armas, como han hecho hasta ahora. Pero el triunfo en primera vuelta nos da la posibilidad de controlar la Asamblea Legislativa. Y ese espacio puede ser, debe ser, fundamental para ponerle freno a un gobierno de derecha ya blanqueado por las elecciones. Es nuestra responsabilidad que esa Asamblea sea operativa, leal y comprometida, pues sólo así podremos evitar que el gobierno de derecha que pueda surgir de estas elecciones privatice, enajene, discrimine, persiga y destruya lo que tanto nos ha costado a todos construir.

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