Enero 20, 2020

Xabier Albó, el jesuita de los cinco principios indígenas

Xavier Albó asegura que se siente “más boliviano que español”, pues ya son 54 años desde que llegó por primera vez al país, por el que ha luchado en los tiempos de la dictadura, con su participación, por ejemplo, en aquella huelga que dio fin al gobierno de facto de Hugo Banzer.


Viernes 24 de Junio de 2016, 10:45am




La Paz, 24 de junio (César Sánche, Urgentebo).- Soy partidario del proceso de cambio pero sin renunciar al libre pensamiento. Al Ama Sua (no seas ladrón), Ama Llulla (no seas mentiroso), Ama Quella (No seas flojo) le agregué el Ama Llunk'u (no seas adulador) y el Ama Ch’in (no calles). Eso quiere decir que cuando uno sabe cosas que son importantes no hay que callárselas por miedo a que te repriman”, así se describe el padre jesuita Xavier Albó.

“Estoy contento de que he podido decir lo que yo quería, yo usé la palabra libre pensante, que también le gusta usar al García Linera pero para criticarla, yo en cambio la reivindique”, asegura el sacerdote jesuita que en el mes de abril recibió el Condor de los Andes, el máximo galardón del estado boliviano para un ciudadana.

Con la amabilidad que le caracteriza, Xavier Albó asegura que se siente “más boliviano que español”, pues ya son 54 años desde que llegó por primera vez al país, por el que ha luchado en los tiempos de la dictadura, con su participación, por ejemplo, en aquella huelga que dio fin al gobierno de facto de Hugo Banzer.

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En la huelga de hambre junto al padre Luis Espinal y Domitila Chungara

Nació en la Garriga (Catalunya, España) el 4 de noviembre de 1934, justo un año y medio antes de que se desatara la Guerra Civil española. “Mataron a mi padre en la Guerra civil, lo vinieron a buscar a mi propia casa”, recuerda.

La influencia de la guerra

Por eso, cuenta, fue su madre, Assemta Corrons, quien se tuvo que hacer cargo de él y sus 5 hermanos y fue ella la primera maestra que tuvo en su destacada vida Académica. Pues fue ella quien le enseñó a leer y escribir en catalán.

“Entonces yo creo que mi afición por las lenguas originarias me viene desde antes de mi infancia”, asegura entre risas. Ahí, en plena Guerra Civil, apareció un hombre que sería fundamental en su vida : su tío Miguel.

A pesar de que ya tenía 8 hijos propios, Miguel acogió a Xavier y toda su familia, por eso el sacerdote jesuita lo considera un segundo padre.

Fue su tío, precisamente, quien lo inscribió en un colegio jesuita, que marcaría el camino del resto de su vida. En 1951 se hizo miembro de la Compañía de Jesús.

“El destino pone a cada uno en su lugar”, dicen un conocido refrán y se refleja en la vida de Albó, pues pocos meses después de iniciar su noviciado, el provincial de los jesuitas de la Compañía de Jesús le propuso venir a Bolivia.

El jesuita en la tierra de indígenas

“Ya estaba nombrado para ir a Bolivia antes del 9 de abril de 1952; sin embargo llegué unos meses más tarde”, recuerda.

Al llegar, asegura, vio que era evidente que, en realidad, había “dos Bolivias”. La urbana, en su mayoría falangista, y la Bolivia rural, que era favorable al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

“Eso no se la tenía muy en cuenta, las diferencias culturales el MNR no las tenía muy presentes. Hablaba más de que todos éramos de un mismo país mestizo y camuflaba las diferencias de las distintas culturas”, afirma el conocedor de lo rural.

Por eso, y fiel a su afición y pasión por las lenguas originarias, una de las primeras actividades que hizo al llegar al país fue el aprender quechua, una de las lenguas originarias bolivianas.

“Después nos mandaron a estudiar filosofía a Ecuador, ahí nosotros los bolivianos – porque a pesar que éramos de origen español nos considerábamos muy bolivianos- alardeábamos porque todavía no habían tenido una Reforma Agraria, era una situación muy parecida a la de Bolivia anteriormente”, relata.

Durante su estadía en aquel país consiguió sacar su Doctorado en filosofía, uno de los muchos títulos que obtuvo durante su carrera.

En su regreso al país – tras una breve estadía en Lima donde consiguió los libros de de la bibliografía de las lenguas quechua y aymara de Paul Sybet-, en la ciudad de Cochabamba fue profesor de quechua y terminó su libro llamado “El quechua y su alcance”.

“Entonces me mandaron al campo, estuve todo un año en la hacienda más grande de Simón Patiño (Pairumani), porque él tenía miedo que se apoderara de eso el MNR y pensó que con los jesuitas podía cuidarlo y habría más respeto, porque además ahí estaban los restos de su padre”, cuenta Albó.

Fue durante esa estadía en el campo que “acabó de despertar” su conciencia social, después de que Simón Patiño no les permitió realizar obras sociales en su hacienda.

Después de esa experiencia, Albó se fue, nuevamente, a estudiar al exterior. Consiguió su Doctorado en Lingüística Antropología por la universidad de Cornell, Nueva York y su licenciatura en Teología de la Facultad Borja de Barcelona, y de la Loyola University de Chicago.

Precisamente mientras hacía su tesis doctoral en Lingüística Antropología por la universidad de Cornell referida a la sociolingüística del quechua, le pasó una de las anécdotas más recordadas que tiene en su larga trayectoria.

Entre risas y con un notorio tono de alegría recuerda que tras un encuentro con Salvador Romero – que había hecho todo un estudio sociológico en Punata- le pidió que le pase los nombres y teléfonos de personas que podían ayudarle a terminar su tesis rápidamente.

“Aquel día tuve más rechazos que nunca en lo que estaba haciendo, pero una persona de las que entrevisté sin darme cuenta que era ella era doña Guadalupe viuda de Padilla, que era la señora madre del Ministro de Interior Eufronio Padilla”, recuerda.

Claro, nada de eso habría sido extraño, excepto que, en ese tiempo, Bolivia estaba bajo la dictadura del Gral. Hugo Barrientos.

Grande fue la sorpresa de Albó cuando  lo fue a buscar Abraham Bautista, era el jefe del servicio de inteligencia del Ministerio de Interior del gobierno de Barrientos.

“Me pidió la cinta donde estaba la grabación de la señora y me dijo que me la devolvería en una semana. Cuando fui a buscar la grabación, el señor me empezó a carajear, me dijo que si quería recuperar la cinta tenía que hablar en persona con el señor Ministro, y yo no podía”, recuerda.

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Albo en la Casa de los Jesuitas (foto Página Siete)

Investigador en CIPCA

A partir de ahí, con todos sus estudios finalizados, volvió a Bolivia, donde se convirtió en uno de los investigadores más importantes del país y uno de los personajes más destacados de los últimos años.

Por ejemplo, formó  el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA);  se ha desempeñado como miembro del consejo académico de la maestría en antropología de la Universidad La Cordillera y del doctorado en Desarrollo del CIDES. Ha sido coordinador latinoamericano de jesuitas en áreas indígenas (1995). Miembro de la Academia Boliviana de Historia Eclesiástica (1995). Desde 1994 es miembro del Comité Directivo del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) y parte del cuerpo docente de la Universidad-PIEB, entre otras.

Además también fue distinguido con el Premio Internacional Linguapax 2015 por su aporte a la promoción de la diversidad lingüística y de la educación multilingüe en las comunidades indígenas de Bolivia.  

Eso sí, aclara que nunca le gustó ser docente a tiempo completo, pues prefiere la investigación.

“Más que ser profesor fijo he dado más importancia a estar libre para poder estar en cualquier momento donde me llamaran”, finaliza.

Siendo uno de los fundadores del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), Xavier Albó ha escrito un centenar de libros sobre temas relacionados con las culturas y los derechos indígenas, principalmente de Bolivia. Además, Albó es reconocido en el país por su lucha en contra de las dictaduras militares y en defensa de los derechos humanos.

En la presentación de los primeros dos tomos de sus “obras de cierre”, uno de sus amigos personales y coordinador general del Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica, (IPDRS), Oscar Bazoberry, resaltó la carrera de Albó y destacó que que “de Xavier aprendimos que los materiales más insignificantes pueden ser los más valiosos para generar nuevos conocimientos”.