Septiembre 19, 2019

Doña Elvira, 40 años de buen sabor en choripanes

La calidad y la atención la caracterizan. Ha puesto en marcha al pie de la letra el dicho: El ojo del amo angora el ganado, dijo uno de sus clientes porque doña Elvira ha estado pendiente siempre de ellos y la ven como instruye a sus ayudantes en el buen trato.


Viernes 6 de Septiembre de 2019, 11:15am




6 de septiembre (Soledad Mena-Urgentebo).- Pase caserito, ¿Con qué va a querer? ¿Con escabeche, lechuga?, hay con cafecito, té, sultana o refresco”, es como ofrece sándwich de chorizo doña Elvira desde su asiento sentada en la puerta de su puesto que se encuentra en el tercer piso del mercado Laza, vestida con un mandil blanco.  

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Doña Elvira, experta en choripanes

Doña Elvira, de 71 años, representa tradición, historia y buena calidad en la venta de sándwiches de chorizo. Lleva 40 años en su negocio. Dice que un buen sándwich de chorizo se sirve con la famosa marraqueta, con ensalada de lechuga y la infaltable llajua, acompañado de un delicioso café.

La calidad y la atención la caracterizan. Ha puesto en marcha al pie de la letra el dicho: El ojo del amo angora el ganado, dijo uno de sus clientes porque doña Elvira ha estado pendiente siempre de ellos y la ven como instruye a sus ayudantes en el buen trato. 

“Yo por lo menos le sigue 40 años, cuando los bomberos estaban acá. No se olvida el carisma, la amabilidad, siempre cariñosa con los clientes, esas cosas no se olvidan”, subrayó Edwin Navarro, cliente. 

Sus clientes la siguen desde cuando empezó a vender en su puesto que estaba instalado en un “canchón” donde se presentaban los luchadores y boxeadores.

 “Es la única señora que hace buenos sándwiches.  Yo vengo años, desde cuando  había la lucha libre acá en la Pérez Velasco. El sabor es único, yo pido el sándwich con cebolla, locoto y tomate”, destacó Lucio López, cliente. El mercado Lanza forma parte de su vida desde sus cinco años, desde que su abuela vendía frutas junto a su mamá, luego empezaron a vender enrollados de chancho, sándwiches de pollo y finalmente se especializaron en vender sándwiches de chorizo.

Doña Elvirita se siente orgullosa de su emprendimiento: “He impulsado la venta de choripanes creo que soy una persona que ha motivado a otras personas. Todavía no veo competencias, no me asustan, me da más valor”, sonríe. 

Su puesto de venta en el tercer piso del mercado Lanza es la más concurrida, pero dice que antes era mejor,  porque tenía la posibilidad de estar más en contacto con la gente, había más calidez humana.

Como todos negocio tiene sus altibajos,  este año,  agosto fue el mes de mucha venta, en promedio llegan al lugar 200 clientes al día. Febrero y marzo, por lo general,   son los peores meses por el inicio de clases.

Abrió una sucursal en Miraflores, donde también le va muy bien, sobre todo cuando hay partidos de futbol y los clásicos encuentros entre el Bolívar y The Strongest, será la última sucursal, “para que ambicionar más”.

Elvira Goitía de Medrano estudio Trabajo Social en la UMSA, no salió porqué se casó, pero hubo una época en que trabajo formando  líderes en el Plan de Padrinos durante 13 años. Fue promotora social, coadyuvó en proyectos de alcantarillado y agua potable. Hoy, cuenta con una jubilación. 

“He abierto la primera oficina de Plan Padrinos en la 16 de julio, antes era un desierto, no había ni una sola vendedora”, recordó.

 “Casi muero, pero no era mi hora”

Doña Elvira pasó momentos difíciles en su puesto de venta. Casi muere en la granizada de  febrero 2002 y esquivó las balas el 2003, cuando se armó una revuelta en contra de Gonzalo Sánchez de Lozada. 

“Casi me muero el 19 de febrero. Nunca lo voy a olvidar. Ha sido un día negro. Esa tarde vi venir de la cumbre un cielo negro. Al llegar al centro, empezó a granizar de un grosor del tamaño de un confite. Cuando llegamos a la altura del hotel Presidente, hemos  visto un río que arrastraba cajones y a personas. El agua nos empujó al edificio de los fabriles,  el chófer nos dijo que bajemos. Yo estaba helada, no sentía los pies. Una compañera, que también vende acá, me ayudó.  Ahora, recordamos y reímos de aquella tragedia, no era nuestra hora”, recuerda.

En Octubre Negro de 2003, también esquivó las balas, se refugió en su puesto de venta.

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